22 octubre, 2026

La incertidumbre electoral empieza a pesar en los mercados y golpea a los bonos argentinos

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A un año de las elecciones presidenciales de 2027, el mercado financiero argentino comienza a anticipar el impacto de la disputa política. La suba del riesgo país, la caída de los bonos en dólares y la mayor volatilidad reflejan las dudas sobre la continuidad del programa económico y la posibilidad de un cambio de rumbo después de los comicios.

El riesgo país llegó a ubicarse en torno a los 700 puntos básicos, luego de haber marcado un mínimo de 402 puntos el 10 de julio. El movimiento estuvo impulsado principalmente por factores internos, en un contexto de desaceleración económica, dificultades para consolidar la recuperación de los ingresos y cambios en las expectativas sobre el futuro político del país.

Con las elecciones todavía a un año de distancia, las señales económicas y sociales empiezan a adquirir mayor relevancia para los inversores. La evolución del empleo, los salarios, la actividad y la imagen del Gobierno puede influir en las expectativas electorales y, a través de ellas, en el precio de los activos financieros.

Uno de los principales factores que observa el mercado es la posibilidad de que Javier Milei consiga la reelección en octubre de 2027 y mantenga las políticas económicas actuales. La falta de definiciones sobre las candidaturas opositoras, la eventual realización de las PASO y la conformación de alianzas políticas agregan incertidumbre sobre el resultado de la próxima elección presidencial.

Las encuestas de opinión pública muestran un panorama mixto para el Gobierno. En septiembre, la aprobación presidencial se ubicó en el 38,5%, mientras que la desaprobación alcanzó el 57,2%. Al mismo tiempo, la evaluación positiva de la gestión llegó al 33,3% y la negativa, al 54,2%.

Estos indicadores no anticipan por sí solos un resultado electoral, pero funcionan como una referencia para medir el clima social. En los mercados, la preocupación pasa por cómo podría evolucionar la imagen del oficialismo si la recuperación económica pierde fuerza o los ingresos continúan rezagados.

Un eventual cambio de gobierno también podría modificar las expectativas sobre la política fiscal, el régimen cambiario y la relación con los mercados financieros. Por eso, la incertidumbre no se limita a quién ganará las elecciones, sino que incluye qué medidas económicas podrían sostenerse o cambiar después de los comicios.

La incertidumbre política ya se tradujo en una corrección de los títulos públicos argentinos en dólares. Desde sus máximos recientes, los bonos de corto plazo acumularon bajas de entre el 3,8% y el 5,8%. En el tramo medio, el Global 2035 retrocedió un 15% y el Global 2038 cayó un 13,7%.

Los títulos de vencimientos más largos también registraron pérdidas significativas, con descensos de hasta el 16,7% en algunos casos.

Cuando los precios de los bonos bajan, los rendimientos que ofrecen a quienes los compran aumentan. En este escenario, las tasas se ubicaron cerca del 9,8% anual para el Global 2029 y del 10,65% para el Global 2030. En otros vencimientos, los rendimientos superaron el 10,8%.

Estas tasas elevadas reflejan la mayor compensación que exigen los inversores para mantener deuda argentina frente a los riesgos económicos, financieros y políticos. Si bien pueden resultar atractivas para quienes esperan una recuperación de los precios, también muestran que el mercado percibe una incertidumbre considerable.

El aumento del riesgo país también evidencia el deterioro de las expectativas sobre la capacidad de pago de la Argentina. Desde julio, el indicador pasó de 402 a unos 710 puntos básicos, una suba de 308 unidades.

Aunque el contexto internacional tuvo incidencia, el movimiento estuvo explicado en gran medida por el aumento de la prima de riesgo local. En el mismo período, la tasa de los bonos estadounidenses a diez años pasó del 4,56% al 5,14%, lo que encareció las condiciones financieras para los países emergentes.

A la vez, los precios de los bonos y de los seguros contra incumplimiento de deuda comenzaron a reflejar mayores probabilidades implícitas de default. Las estimaciones de mercado para un horizonte de tres años superaron el 30% durante septiembre, mientras que algunas proyecciones a cinco años se aproximaron al 45%.

Estas cifras no representan una predicción segura de incumplimiento, sino cálculos derivados de los precios de los instrumentos financieros. Su evolución, sin embargo, muestra que los inversores incorporaron una prima de riesgo mayor ante las dudas sobre el escenario futuro.

La preocupación se concentra en la posibilidad de que un cambio político altere las condiciones necesarias para sostener la deuda. En ese sentido, el mercado no solo evalúa los indicadores fiscales actuales, sino también la probabilidad de que las políticas económicas continúen después de 2027.

La evolución de la actividad económica será otro factor determinante en los próximos meses. En julio, el Estimador Mensual de Actividad Económica registró una caída mensual del 2,9%, la más pronunciada desde abril de 2020. El dato reavivó las dudas sobre la recuperación y llevó a revisar a la baja las proyecciones de crecimiento para 2026.

Mientras sectores como la energía y la minería muestran un desempeño favorable, la industria y la construcción enfrentan dificultades. Esta recuperación desigual limita el impacto positivo de algunos rubros sobre el conjunto de la economía.

A la vez, el empleo y los salarios ocupan un lugar central en las preocupaciones sociales. Un relevamiento de opinión pública ubicó la falta de trabajo, con el 39% de las menciones, y los bajos salarios, con el 36%, entre los principales problemas del país.

La evolución de estas variables puede repercutir directamente en la imagen del Gobierno y, por lo tanto, en las expectativas sobre las elecciones. Si la actividad no logra recuperarse y los ingresos continúan bajo presión, podrían aumentar las dudas sobre la continuidad del oficialismo.

Sin embargo, la relación entre economía y voto no es automática. La confianza en el Gobierno puede experimentar cambios durante la campaña y responder a factores políticos, sociales y económicos que todavía no están definidos.

El panorama combina riesgos y oportunidades para quienes invierten en activos argentinos. Las fuertes caídas de los bonos elevaron sus rendimientos y abrieron la posibilidad de ganancias si mejora la percepción sobre la economía y se despejan las dudas electorales.

Pero una recuperación sostenida dependerá de que aparezcan señales más claras sobre la actividad, la acumulación de reservas y la continuidad del programa económico. Sin esos elementos, la volatilidad podría mantenerse elevada y los precios seguir expuestos a nuevas correcciones.

La deuda de mayor plazo ofrece rendimientos potencialmente más altos, aunque también está más expuesta a los cambios en las expectativas sobre el futuro político. Los títulos de vencimientos más cortos, en cambio, pueden resultar menos sensibles a algunos escenarios de largo plazo, sin quedar exentos del riesgo argentino.

En definitiva, la cercanía de las elecciones comienza a influir en las decisiones financieras antes de que se definan los candidatos y las alianzas. El mercado seguirá atento tanto a los indicadores económicos como a la evolución de la imagen presidencial, porque ambos factores pueden modificar las expectativas sobre el rumbo del país después de 2027.

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