20 octubre, 2026

Colectivos en el AMBA: una deuda de $40.000 millones, menos frecuencias y tarifas que presionan sobre los usuarios

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El aumento de las tarifas, la reducción de las frecuencias y las dificultades económicas de las empresas volvieron a poner en el centro del debate la situación del transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). En medio de un paro de subtes registrado este martes, representantes del sector de colectivos y autoridades nacionales se reunieron para discutir las compensaciones estatales y buscar alternativas que permitan sostener el servicio.

Durante el encuentro se planteó una deuda cercana a los $40.000 millones y se analizaron los subsidios que reclaman las compañías para afrontar sus gastos operativos. Al mismo tiempo, persiste el malestar de los pasajeros por el encarecimiento de los viajes y las demoras derivadas de una menor cantidad de unidades en circulación.

Uno de los principales problemas es la diferencia entre los costos de funcionamiento de las empresas, los recursos que reciben del Estado y la capacidad de pago de los usuarios. Según explicó un referente de una organización dedicada al seguimiento del transporte, el boleto tiene un peso cada vez mayor en los ingresos de los trabajadores, especialmente para quienes necesitan combinar varios servicios para llegar a sus destinos.

Las estimaciones vinculadas con la estructura de costos ubican la tarifa técnica de los colectivos del AMBA entre $1.600 y $1.700. Sin embargo, sin asistencia estatal, el valor necesario para cubrir los gastos podría situarse entre $2.300 y $2.500. Estas cifras reflejan la dependencia del sistema respecto de las compensaciones públicas para mantener las tarifas por debajo de los costos estimados de operación.

La evolución de los precios también muestra la magnitud de los aumentos. De acuerdo con los datos mencionados en el análisis del sector, el boleto nacional pasó de aproximadamente $53 en noviembre de 2023 a $743 en octubre de 2026, una suba nominal cercana al 1.300%. En el mismo período, la tarifa de colectivos en la Ciudad de Buenos Aires pasó de $53 a $920,48, mientras que en la provincia de Buenos Aires llegó a $1.215, con un incremento nominal del 2.194%.

El impacto de esos aumentos depende, en gran medida, de la evolución de los salarios. Cuando los ingresos no acompañan el encarecimiento del transporte, los viajes cotidianos representan una proporción mayor del presupuesto familiar. La situación afecta especialmente a quienes deben pagar más de un boleto para completar un recorrido.

A pesar de que disminuyó la cantidad de pasajeros, la reducción de la demanda no necesariamente se traduce en viajes más cómodos. La menor frecuencia obliga a concentrar a más usuarios en las unidades disponibles, particularmente durante los horarios de mayor movimiento. De esta manera, los pasajeros enfrentan tarifas más elevadas sin que eso implique una mejora equivalente en las condiciones del servicio.

La combinación de precios altos, menor frecuencia y falta de renovación de los vehículos también puede desalentar el uso del transporte público. Frente a este escenario, algunos usuarios recurren a alternativas como la bicicleta, los viajes compartidos o las aplicaciones de movilidad para reducir gastos. En determinados trayectos, compartir un vehículo entre varias personas aparece como una opción para distribuir el costo del traslado.

Del lado de las empresas, el combustible constituye uno de los principales componentes de la estructura de gastos. A ese rubro se suman los repuestos, los neumáticos y el mantenimiento de las unidades, factores que condicionan la capacidad de las compañías para sostener sus operaciones. Las dificultades no son iguales para todas: los grandes grupos empresarios cuentan con una estructura diferente de la que tienen las compañías más pequeñas, que pueden enfrentar mayores obstáculos para absorber aumentos de costos, demoras en los pagos y caídas en la cantidad de pasajeros.

Otro de los puntos en discusión es la fragmentación del sistema metropolitano. Las líneas que dependen de la Nación, la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires funcionan bajo distintos esquemas, lo que dificulta la coordinación de las políticas de transporte. Esa situación también tiene consecuencias para quienes cruzan jurisdicciones y necesitan combinar servicios.

En particular, la falta de beneficios de integración tarifaria en determinados trasbordos dentro de la provincia bonaerense puede encarecer los recorridos. El problema afecta a los pasajeros que viajan desde el conurbano hacia la Ciudad de Buenos Aires y deben utilizar varias líneas para completar sus trayectos.

Frente a este panorama, el Gobierno nacional presentó una propuesta para actualizar las compensaciones destinadas a las empresas de colectivos del AMBA. El esquema contempla una nueva estructura de costos vigente desde octubre, ajustes para acompañar los gastos operativos y modificaciones en los mecanismos de cálculo y liquidación de los pagos.

Además, las autoridades plantearon regularizar en tres cuotas las diferencias acumuladas en los ingresos reclamados por las compañías. La propuesta incluye revisiones vinculadas con los costos laborales, la seguridad y las previsiones salariales para los próximos meses.

El objetivo oficial es brindar mayor previsibilidad financiera a las empresas y sostener la continuidad de las prestaciones sin trasladar automáticamente cada incremento de los costos al precio del boleto. Sin embargo, todavía resta conocer el detalle de los desembolsos y su alcance sobre la situación de las distintas líneas, en un contexto marcado por los reclamos empresariales y el deterioro de las condiciones de viaje para los usuarios.

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