13 julio, 2026

La faena de vacas reportó el peor primer semestre en una década, aunque el peso promedio alcanzó un récord histórico

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El primer semestre de este año presenta una situación alarmante para el sector ganadero. La disminución del número de vientres activos, un enfoque en aumentar el peso de los animales antes de la faena y una demanda que mantiene precios estables para la hacienda terminada han conformado un contexto en el que la cantidad de cabezas sacrificadas ha disminuido, mientras que el peso promedio de cada animal llegó a un máximo histórico. Esta relación entre menos animales y mayor peso por cabeza es esencial para comprender lo sucedido entre enero y junio y para anticipar lo que ocurrirá en el resto del año.

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) indica que el Senasa reportó el traslado de 1.081.077 vacunos a plantas de faena en el último mes. Esto implica que, al sumar el total del primer semestre, se estima que aproximadamente 6.025.000 cabezas han sido faenadas. Esta cifra refleja una caída del 9% en comparación con los 6.613.000 vacunos faenados en el mismo período del año anterior y, según el informe, “constituye, a su vez, el registro más bajo de los últimos diez años”.

Estos resultados no son situaciones aisladas, sino que se inscriben en un patrón estacional que se repite cada año. En los últimos 25 años, “la faena del primer semestre representó, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%”.

El informe también señala que cuando el primer semestre concentró más de la mitad de la faena anual, el volumen total del año tendió a ser bajo; en contraste, cuando esa contribución fue menor al promedio, la faena anual suele cerrar en cifras superiores.

Los datos actuales sitúan al ciclo presente en el segundo escenario. El informe sostiene que “los datos observados hasta el momento sugieren un escenario de faena más cercano a un ritmo lento que a uno acelerado”, lo que sugiere que una parte considerable de la oferta de animales terminados se trasladará a la segunda mitad del año.

Con esta base, la proyección para el total de 2026 se realiza extrapolando el volumen faenado hasta junio y asumiendo que el primer semestre representará entre el 49% y el 46% de la faena anual. Según esta suposición, las poco más de 6 millones de cabezas contabilizadas hasta la fecha permitirían estimar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de animales, lo que implicaría una reducción de entre 500 mil y 1,2 millones de cabezas en comparación con las 13,6 millones faenadas en 2025.

La razón de este ritmo más lento está vinculada a decisiones productivas reflejadas en las estadísticas. El informe indica que “la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde destinados a faena, junto al fuerte incentivo económico para aumentar el peso antes de la terminación, están retrasando la disponibilidad de animales terminados”. Este fenómeno ya se observa en el peso promedio: en mayo, la res en gancho alcanzó un récord de 240 kilos, lo que representa un aumento interanual de 7,5 kilos por res.

Así, una proporción mayor de los animales en producción llegará a la faena en la segunda mitad del año, lo que disminuye el peso relativo del primer semestre sobre el total anual.

Sin embargo, la proyección de faena no depende solo de decisiones de manejo, sino también de la disponibilidad de animales. En 2025, la producción de terneros aportó alrededor de 14,4 millones de cabezas al sistema y la faena alcanzó los 13,6 millones. No obstante, el stock bovino terminó el año con una disminución cercana a las 700 mil cabezas, principalmente por la mortalidad natural del rodeo, que suele oscilar entre el 2% y el 3% de las existencias.

Para el ciclo actual, el margen de maniobra es más restringido. Según la BCR, se cuenta con aproximadamente 500 mil vacas menos que están expuestas a servicio, lo que sugiere que “es poco probable que la cantidad de terneros destetados sea significativamente mayor que la del ciclo anterior”. En consecuencia, si la oferta de reposición no aumenta considerablemente, la faena anual podría situarse entre 1 y 1,5 millones de cabezas por debajo de la registrada en 2025, para que el stock bovino cierre el año en niveles relativamente estables.

El papel de los corrales de engorde crece de manera constante dentro de este esquema. Con los datos del primer semestre, se puede estimar que más del 37% de los animales remitidos a faena provienen de feedlots, cuando hace cinco años esa proporción apenas superaba el 30%. Además, al 1° de julio, había más de 2,17 millones de animales en stock en establecimientos de engorde a corral, cifra que representa el segundo mayor registro de la serie.

Este nivel de ocupación se explica, en parte, por una relación de costos favorable. A pesar de que el precio de la invernada se muestra relativamente alto en comparación con su promedio histórico, actualmente, el costo del maíz, medido en kilos de novillito, se ubica entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico de 93,4, lo que ha fortalecido los márgenes del engorde, según la Bolsa de Comercio de Rosario.

En resumen, la combinación de precios estables para la hacienda y costos relativamente bajos para el maíz crea condiciones propicias para intensificar los sistemas de producción. En este contexto, el escenario más probable para 2026 es una faena moderada en cuanto a cantidad de animales, pero con un mayor peso por cabeza, modelo que no necesariamente implica una caída proporcional en la producción total de carne y que, al mismo tiempo, ayuda a estabilizar el stock bovino tras la disminución de vientres observada en el último año.

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