Un estudio revela que solo 1 de cada 3 personas con obesidad es consciente de su condición
Datos del Ministerio de Salud del país revelan que el 20,4% de los niños y adolescentes de 5 a 17 años también sufre de obesidad, un factor fundamental en el desarrollo del síndrome hepato-cardio-reno-metabólico, uno de los principales desafíos de la medicina actual. Este tema será abordado en el próximo Congreso Internacional de Medicina Interna del Hospital de Clínicas de la UBA.
Previo al congreso, que se llevará a cabo de miércoles a viernes, el Servicio de Nutrición Clínica y Metabolismo del mismo hospital presentó los resultados de la campaña Semana de la Obesidad 2026. Esta iniciativa evaluó a 320 personas para identificar factores de riesgo relacionados con la obesidad y sus complicaciones.
En el informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, se reveló que, aunque el 80% de los participantes tenía obesidad (28% de clase I, 24% de clase II y 27% de clase III), solo el 36% había recibido un diagnóstico de obesidad por parte de un profesional de salud.
“Casi dos tercios de las personas con obesidad detectada nunca habían sido informadas de que tenían esta enfermedad. Esto refuerza la necesidad de estrategias de detección activa como esta”, afirmó la Dra. Pilar Quevedo, jefa de la División Nutrición del Hospital de Clínicas.
La Dra. Quevedo añadió: “Con una medición simple de peso, talla y cintura a cargo de un médico clínico generalista de familia ya es posible arribar al diagnóstico y empezar a cambiar la realidad de la persona con obesidad. La detección precoz evita consecuencias asociadas”.
El síndrome hepato-cardio-reno-metabólico, uno de los enfoques del congreso, muestra cómo la obesidad, la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica y el hígado graso metabólico están interrelacionados. En el 40% de los evaluados en el Clínicas se observó un alto riesgo de eventos cardiovasculares, con un 36% presentando hipertensión arterial, 34% con hígado graso, 31% con osteoartrosis y 30% con dislipemia (colesterol o triglicéridos elevados).
Además, el 59% mostró niveles elevados de presión arterial, el 30% un alto riesgo de apnea del sueño y el 44% un riesgo intermedio. Se encontraron también signos de fibrosis hepática significativa en el 35% de los participantes.
Los efectos de la obesidad no solo se ven en indicadores biológicos, sino que también afectan el bienestar físico y emocional de las personas. Se evaluó la distribución de grasa corporal y el estado muscular, aspectos esenciales para comprender el riesgo de cada paciente. El 90% presentó un riesgo cardiovascular “muy aumentado” según el perímetro de cintura, el 10% mostró signos compatibles con sarcopenia y en el “test de la silla“ los resultados fueron alterados en el 90% de los evaluados.
Asimismo, un cuestionario reveló el impacto del estado de salud en la vida diaria: 70% reportó algún grado de dolor o malestar, 72% experimentó ansiedad o síntomas depresivos y 43% enfrentó dificultades para caminar.
Los participantes eran mayoritariamente mujeres (77%) y adultos (con un promedio de edad de 54 años). Un tercio carecía de cobertura de salud formal, mientras que el 32% tenía cobertura pública (PAMI). Además, el 62% no realizaba actividad física regular.
El circuito de evaluación abarcó: antecedentes de salud, antropometría y composición corporal, presión arterial, glucemia capilar, tamizaje de apnea del sueño, cálculo del riesgo cardiometabólico global, elastografía hepática y calidad de vida percibida.


