Scaloni y la transformación de la Selección Argentina
Es difícil que incluso en sus más audaces sueños haya anticipado lo que sucedió posteriormente. Probablemente lo anhelaba, ya que el oriundo de Pujato, que nació hace 48 años, fue quien logró cerrar esa absurda división argentina que obliga a elegir entre César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo. Nació poco antes de la conquista del primer título (mayo de 1978). La segunda estrella, confesó hace poco, la observó en la televisión de la casa de su abuela. Y él mismo bordó la tercera en Qatar 2022, amalgamando lo mejor de ambos estilos para edificar la Selección más significativa de la historia.
Scaloni consiguió este éxito con un estilo bien definido, sin excesos ni rencores. Al conquistar cuatro títulos (las dos Copas América, la Finalissima y el Mundial), podría haberse enfrentado a aquellos que lo descalificaron de antemano para el puesto que le otorgó el presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, y que ahora lo coloca en la búsqueda del récord de Guillermo Stábile (124 partidos en dos ciclos y seis títulos de Copa América).
“Cuando las críticas te hacen más fuerte, trabajás en silencio y seguís hacia adelante, ahí es cuando las cosas suceden”, resumió en un post en redes sociales, acumulando las críticas, muchas de ellas despectivas, que inundaron horas de programación en los canales de televisión y programas de radio.
El entrenador dijo: “No me preocupa lo que se diga. A mí me interesa que la gente se haya sentido identificada con la propuesta del equipo, que fuera una Selección representativa de su público”.
Se dice que en el fútbol todo está inventado, y que solo hay que acomodar las piezas. Su lógica de conducción es tal que en su debut (contra Guatemala, en 2018) y en su partido número 99 (frente a Jordania, en este Mundial) alineó a los mismos tres futbolistas en el mediocampo: Exequiel Palacios (quien jugó de lateral derecho), Leandro Paredes y Gio Lo Celso. Ha dado la oportunidad a 65 futbolistas para vestir la camiseta de la Albiceleste.
Uno de los mayores logros de Scaloni ha sido crear una identidad. Quizás en contraposición al fútbol moderno que proviene de Europa y se ha impuesto como lo absoluto, aquel que avanza a la velocidad de una historia de Instagram. Scaloni reunió talento, buscó equilibrio y estableció un esquema funcional para potenciar a Lionel Messi. Su mensaje contracorriente ha sido claro: un partido de la Selección no es “todo”. Desdramatizó y despresurizó el entorno en el que opera el equipo.
El entrenador fue el primero en creer en la Scaloneta. Realizó una videollamada con Lionel Messi y le comunicó su intención de dar lugar a una nueva generación. “La idea es reclutar o hacer que jueguen con la camiseta de la Selección la mayor cantidad de chicos posibles”, reveló posteriormente.
Su experiencia como asistente de Jorge Sampaoli en Rusia 2018 fue crucial para diagnosticar desde adentro qué sucedía: ¿por qué Messi y sus compañeros brillaban en sus clubes y no rendían en la Selección? Scaloni cambió ese enfoque. Actualmente, los futbolistas rinden en sus clubes por lo que demuestran en Argentina.
En el caso de Messi, es curioso. A lo esperado a los 39 años, su rendimiento no ha disminuido; de hecho, su mejor versión emergió en este Mundial. Ocho entrenadores dirigieron a la Pulga en la Selección (Pekerman, Basile, Maradona, Batista, Sabella, Martino, Bauza y Sampaoli), y ninguno logró que rinda como Scaloni. Marcó 58 goles en 74 partidos bajo su mando (0,78 de promedio), mientras que en sus 128 partidos anteriores había convertido 65 (0,51).
¿Qué descubrió el rosarino? “Quizás naturalidad, saber que cuenta con un grupo de amigos, que está rodeado de personas que se entregan al máximo por él, que lo ven como un dios, pero también como un pibe de barrio”, explicó el técnico. Scaloni ha ganado el respeto del equipo: no solo el externamente, sino también el de sus jugadores. Es empático, se preocupa por sus sentimientos y pensamientos. Así lo demuestra cuando charla durante 40 minutos con Lautaro Martínez en la gira previa al Mundial en Auburn. Sin embargo, no tiene favoritismos; si debe elegir a Facundo Medina por considerarlo en mejor forma que Nicolás Tagliafico, lo hace. Si durante un partido necesita reemplazar a Cúti Romero por un golpe, lo realiza sin dudar.
En este camino, también enfrentó turbulencias. Dos momentos generaron indecisiones sobre su continuidad en el cargo. El primero fue un episodio narrado por Diego Borinsky en su biografía: “Estábamos en San Juan, tras un partido contra Brasil, y Leo (Messi) iba a regresar a París. Una hora después del partido, le pedí que hablemos a solas. Le dije: ‘Estoy eternamente agradecido a todos ustedes, especialmente a vos, por estos años. Pero para mí ya terminó. No sé si tengo fuerzas para seguir. Estoy lidiando con problemas de salud en mi familia y no quiero fallarte, Leo’.”
“’¿Y qué te creés? -respondió Messi-, que cuando te vayas de la Selección no vas a enfrentar esos problemas en un club?’. Me aconsejó ‘ir a tratarme con alguien’ y admití que tenía razón”.
El segundo momento crítico también transcurrió tras un partido contra Brasil, pero en el Maracaná. Fue la primera vez que alguien ganó un partido de Eliminatorias en territorio brasileño, gracias a un cabezazo de Nicolás Otamendi a finales de 2023. En una conferencia de prensa, Scaloni lanzó: “Está complicado seguir”, generando preocupación entre los jugadores, que se enteraron a través de redes sociales.
Con el tiempo, logró ajustar la situación. Ahora está nuevamente comprometido con la causa. Aspira a ser más que una leyenda, a alcanzar lo que solo dos selecciones han logrado (Italia 1934-38 y Brasil 1958-62).
Incluso mira hacia el futuro de la Argentina, que según un contrato debería concluir el 31 de diciembre próximo. “Si todos estamos de acuerdo y se llega a un buen puerto, no creo que haya problemas”, declaró antes de esta Copa del Mundo. Ezeiza se ha convertido en un lugar ideal para Scaloni. El trabajo a tiempo parcial le permite acompañar a su esposa e hijos en Mallorca, y a sus padres y hermanos en Pujato, mientras dirige a los mejores futbolistas del mundo.
Lionel Sebastián Scaloni ha experimentado una metamorfosis. Despertó de un sueño inquieto —al igual que Gregorio Samsa, el personaje de Franz Kafka— con la misión de restaurar la grandeza de la Selección. No se transformó en un monstruoso insecto, sino que se logró consolidar como uno de los entrenadores más destacados de la historia del fútbol argentino.


