18 agosto, 2026

Paolo Rocca: pasiones, preocupaciones y la influencia del industrial que define la economía argentina

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Javier Milei se refirió a Paolo Rocca como “Don Chatarrín de los Tubitos Caros” por primera vez el 27 de enero, a través de un tuit que causó desconcierto. A partir de ese momento, cada vez que el Presidente reiteraba el apodo burlón -ya sea en febrero o en su discurso de marzo en el Congreso-, Rocca lo sentía como un latigazo. Era un trato hiriente y humillante, especialmente porque, a pesar de que buscaba evitar una confrontación directa -incluso mediante una carta pública-, el enfrentamiento se volvió más evidente. Esto quedó claro cuando Milei lo atacó frontalmente mencionando su nombre en un evento para empresarios e inversores durante la Argentina Week en la sede de JP Morgan en Nueva York.

Rocca, conocido por cultivar relaciones que han sido tanto cercanas como tensas con varios gobiernos, optó por mantener el “silenzio stampa”. Durante la cumbre de CERAWeek en Houston, diez días después del último comentario público de Milei, ni siquiera insinuó el tema. Un mes antes, durante la presentación de los resultados 2025 de Tenaris, apenas hacía mención a una pregunta específica de un inversor sobre una licitación que había perdido ante la empresa india Welspun para abastecer caños del gasoducto destinado a exportar GNL de Southern Energy. “Perdimos el tender porque tuvimos un precio más alto que otro postor. Cosas como esas pasan, obviamente”, dijo en ese momento. En cuanto a la confusión generada por algunos voceros del Gobierno, Rocca aclaró que la licitación era de carácter privado. Aparentemente, el industrial más poderoso de Argentina ya tenía otras preocupaciones en su mente.

Nacido el 14 de octubre de 1952 en Milán, Paolo Rocca se convirtió prontamente en un nombre relevante en el sector industrial argentino. Ese mismo año, su empresa, Techint, participó en su primera gran obra de infraestructura en el país: el gasoducto Presidente Perón, que se extiende a lo largo de 1600 kilómetros desde Comodoro Rivadavia hasta Buenos Aires.

El abuelo de Rocca, Agostino, un industrial lombardo con orígenes en el sector naviero, había sido un protagonista del aparato siderúrgico italiano durante el régimen de Benito Mussolini. Tras la Segunda Guerra Mundial, fundó el grupo que luego establecería su legado, cuyo nombre proviene de la abreviatura para télex de “Compañía Técnica Internacional”. La fecha oficial de su fundación es el 15 de febrero de 1946, el día de San Faustino. Por ello, la sociedad que canaliza las acciones del holding se llama San Faustin, originalmente radicada en Curazao y actualmente en Luxemburgo.

Agostino tuvo gemelos, Roberto y Anna, y Paolo es el menor de los tres hijos. Su madre, Andreína Bassetti, también formaba parte de una dinastía industrial que había consolidado una de las marcas textiles más históricas de Lombardía.

“Pablo”, como lo llaman sus más cercanos colaboradores, puso los pies por primera vez en Argentina a los 25 años, durante el funeral de su abuelo, un evento que se recuerda como uno de los más multitudinarios y conmovedores en Campana, con cientos de obreros y vecinos acompañando el cortejo en un respetuoso silencio.

Ese febrero de 1978 fue crucial. “Ahí, entendí algo y dije: ‘Yo quiero construir a partir de lo que estoy viendo’”, compartió el año pasado al recibir un premio del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

Su hermano mayor, Agostino, había obtenido un título en Administración de Empresas de la Universidad Luigi Bocconi, una prestigiosa institución económica milanesa, y se había especializado en Finanzas. Por su parte, Gianfelice, el hermano del medio, se graduó en Física en la Universidad de Milán y realizó un posgrado de gestión en Harvard. Paolo, en cambio, eligió Ciencias Políticas en la misma universidad en una época en la que el marxismo y las corrientes de izquierda tenían una fuerte presencia en las aulas de Italia, sobre todo en el norte industrial.

La formación teórica que obtuvo en esa carrera le permitió moldear muchas de las ideas económicas que desarrolló más tarde en su carrera. Asimismo, adquirió una comprensión más profunda de algunos fenómenos y amenazas, además de dotarse de una inusual capacidad de análisis político y de articulación con el sector público, características poco comunes entre los hombres de negocios.

Rocca también tuvo una experiencia en Harvard, donde pasó por la escuela de Negocios, y trabajó en Washington como asistente del director ejecutivo del Banco Mundial antes de integrarse al holding familiar en 1985. Comenzó siendo asistente del presidente de una de las divisiones del grupo, la Corporación Financiera Techint. Dos años después retomó el rumbo hacia Argentina, país que decidiría que sería su hogar. “Decidí hacer de la Argentina mi hogar y construir desde acá la visión del grupo”, mencionó en una ceremonia de IAEF. En este sentido, existe un punto de inflexión en su biografía: el 28 de abril de 2001, cuando su hermano Agostino falleció en un accidente aéreo. Paolo ocupaba entonces la dirección del negocio de tubos desde 1990 y asumió el liderazgo del grupo que había crecido considerablemente hacia la producción de aceros planos, especialmente después de la privatización de Somisa en 1992.

Al gigante nicoleño, rebautizado como Siderar, Techint le sumó cinco años más tarde la adquisición de la venezolana Sidor. En conjunto con la mexicana Hylsamex, que fue comprada en 2005 por 2200 millones de dólares, se formó el embrión de Ternium, un holding de acereras nacido en 2005 al igual que Tenaris, la firma que agrupó a los productores de tubos en 2001 y que, en el transcurso de los siguientes 25 años, expandió su horizonte con compras estratégicas que sumaron cerca de 7000 millones de dólares.

Bajo el liderazgo de Paolo, Techint se internacionalizó notablemente, transformándose en el gigante global que hoy conocemos, con una presencia industrial en más de 20 países, 89.000 empleados (18.000 en Argentina) y una facturación de más de 33.000 millones de dólares en el último año, que incluye sus negocios siderúrgicos, su rama energética a través de Tecpetrol, y su división de ingeniería y construcción de infraestructura. A lo largo de este trayecto, han comenzado a sumarse actividades relacionadas con el litio y las energías renovables.

“Mantengo mi legado con Italia. Tengo una hija que vive y trabaja allá; mi hermano también. Pero esta es mi base”, afirmó, aludiendo a su arraigo con Argentina. Por este motivo, siempre buscó involucrarse activamente en el destino del país, intentando moldear su desarrollo más allá de su interés personal en los negocios.

“Los valores de la emigración, la relación con la comunidad son cruciales para una compañía como la nuestra, que tiene actividades que dejan una huella”, dijo durante una charla con estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la UBA, también el año pasado.

Así, Rocca ve la importancia de “la línea de defensa de nuestra cadena de valor, nuestros proveedores y nuestros clientes, la relación con las comunidades, y la vocación por abordar los problemas de manera racional, calculando nuestras acciones y asumiendo los errores o aciertos a partir de un plan, de una visión lógica sobre el tema”.

Con el kirchnerismo, Rocca experimentó una transición de una cooperación inicial a un conflicto abierto, especialmente después de la expropiación de las AFJP, una situación que lo llevó a compartir directorios con el enemigo en Ternium y Tenaris en Argentina. Una de estas posiciones fue ocupada por Axel Kicillof, quien en su rol como viceministro de Economía había proclamado que “habría que bajar el precio de la chapa y fundir al señor Rocca, pero no lo vamos a hacer”. La estatización de YPF fue otra señal de alerta para Rocca. En abril de 2012, poco después de la expropiación de Repsol, comparó ser empresario en Argentina con vivir una novela de “Alicia en el País de las Maravillas”.

“Uno va caminando y cada tanto ve que saltan unos conejos… ¡Y hay que evitar que la Reina de Corazones le corte la cabeza!”, evocó. Esta anécdota provocó risas en La Mansión del Four Seasons, donde recibió un premio.

Rocca volvió a mostrar su humor ácido en diciembre de 2023. Durante ProPymes, un evento que Techint organiza anualmente para su cadena de proveedores, despidió a Guillermo Francos, quien en ese momento se desempeñaba como Jefe de Gabinete, tras haber compartido una charla con él. “El año pasado, para agradecerle que se tomó el tiempo para venir, pedí un aplauso para Sergio: no me fue tan bien…”, sonrió, provocando aplausos en el auditorio del Centro de Exposiciones Buenos Aires. La ironía era clara, y se refería a Massa, quien había sido ministro de Economía en 2022 y candidato derrotado en las elecciones presidenciales del año siguiente.

“Veo la posibilidad de un reset de la Argentina, que abra el camino al desarrollo de las oportunidades que tiene el país”, comentó Rocca sobre su entusiasmo por la nueva administración libertaria. “Encuentro en todos los aspectos que menciona el presidente Milei una visión que debería ser positiva para el crecimiento del sector privado: limitar la intervención del Estado y recuperar espacio para la iniciativa privada”, añadió, reafirmando que “nuestra voluntad, la del sector privado, es comprometerse para que ese reset de la economía y de la sociedad tenga éxito, ya que nuestro éxito será el éxito de este proyecto”.

En el círculo industrial, siempre existió el convencimiento de que Techint respaldaría a Milei, basado en el número de funcionarios de su gestión provenientes de la provechosa cantera ejecutiva del grupo. Entre ellos, Horacio Marín, quien se rodeó en YPF de personal de Tecpetrol y Techint Ingeniería y Construcción, además de Horacio Cordero, el actual Secretario de Trabajo, y Miguel Ponte, ex jefe de Recursos Humanos del holding y asesor de la cartera laboral, cuyo impacto se reflejó en la modernización legislativa que aprobó recientemente el Congreso.

Rocca considera que Milei recibió un mandato popular a partir del “hartazgo con una situación absolutamente insostenible desde todos los puntos de vista de la sociedad civil, y un deseo de cambio”. Citó las “distorsiones acumuladas y decisiones de muy corto plazo” como las causas que llevaron a este contexto, especialmente durante el último año del mandato de Alberto Fernández. También advirtió sobre el “degrado institucional” y serios problemas de seguridad generados por la presencia del “crimen organizado” en áreas que afectan a “nuestras pymes”.

Anticipó un período “muy duro, muy difícil” que exigirá “mucho sacrificio, gran esfuerzo y capacidad de contención social”. A pesar de ello, destacó: “El cambio me genera un optimismo terrible”.

Rocca mantuvo esas palabras alentadoras hacia el Gobierno en sus intervenciones públicas en meses posteriores. “Tenemos esperanza en el presidente Milei; quizás estemos en el inicio de un nuevo ciclo para el país”, dijo en el marco de CERAWeek de este año. Tildó el programa económico de “lo que la Argentina necesita, como la reducción del déficit fiscal y del gasto público, del 40% al 25%, y una liberalización del mercado”.

Sin embargo, para la segunda mitad del año, su optimismo comenzó a desvanecerse. “El nuevo gobierno lleva seis meses. La situación es muy difícil de controlar”, advirtió. “La Argentina recuperará credibilidad para volver a los mercados, pero llevará un poco más de tiempo. Todos fuimos, quizás, demasiado optimistas en pensar que esto sería rápido. Pero sucederá”, aclaró, en una declaración que los medios argentinos interpretaron con un título simplificado: “Fuimos demasiado optimistas con Milei”, lo que provocó una reacción notable en la Casa Rosada.

Sus declaraciones a fines de octubre no contribuyeron a calmar las tensiones. Rocca fue el orador principal en la convención anual de Alacero, la asociación latina de productores de acero, celebrada en Buenos Aires. Se permitió la licencia de desviarse de su discurso escrito, reconociendo que “Milei está haciendo lo que dijo que haría”, pero enfatizando también la necesidad de levantar el cepo, “un tipo de cambio que refleje la productividad de los factores y no flujos de capital de corto plazo”, y exigió “un compromiso con las actividades industriales” por parte del Gobierno.

Dirigir reclamos públicos hacia una figura que él y otros veían como incondicional es considerado un pecado imperdonable por quienes conocen la psicología de Milei. Rocca, voluntaria o involuntariamente, volvió a caer en su enfado dos meses después.

“Es vital contar con interlocutores dentro del Gobierno. Necesitamos que nos escuchen, que haya espacios de diálogo que alineen los tiempos de la transformación y permitan que toda nuestra cadena de valor sea protagonista en lugar de sentirse acorralada por una amenaza”, le expresó al Secretario coordinador de Producción, Pablo Lavigne, durante ProPymes.

A través de Lavigne, solicitó al Gobierno “empatía” con “miles de empresas, trabajadores y familias”, a quienes “no se les puede tratar con desdén, como si fueran empresas de alto precio y elevada dependencia del Estado, cuando en realidad han construido algo muy valioso a lo largo de generaciones”.

“Debemos entrar en este proceso de transformación de la Argentina con ganas de ser protagonistas y no víctimas”, definió. También mencionó ejemplos de compañías con potencial significativo: “en ciertos casos, se logran convertirse en líderes del mundo y, en otros, tienen una proyección notable”, parecía referirse a la situación de industria nacional.

“El grupo cree en esta transformación. La apoyará y, al mismo tiempo, dialogará con el Gobierno. Siempre se explicará la posición en la que nos encontramos y los problemas que enfrentamos”, concluyó su llamado a la comunicación, enfatizando que “es fundamental que seamos escuchados”.

La Casa Rosada reaccionó abriendo, a partir del 1º de enero de 2025, la exportación de chatarra, un insumo clave para la industria siderúrgica nacional, cuyo comercio internacional había estado prohibido desde 2009.

A medida que se acercaban las elecciones, la tensión fue en aumento. Explosiones de descontento estallaron entre la derrota de la provincia de Buenos Aires en septiembre y el resonante triunfo de Milei en octubre. El Presidente vio en esos días una mano negra en este proceso y, a través de las redes sociales, reprodujo publicaciones que acusaban a Rocca de “jugar all in” para que el Gobierno terminara en una situación comprometida tras las elecciones de septiembre. Más tarde, la Casa Rosada insinuó que el grupo había ejercido presiones para influir en la licitación del gasoducto, con insinuaciones de que cerraría la planta de Siat en Valentín Alsina, generando potenciales despidos si Tenaris no obtuviese la adjudicación.

Techint desmintió todas esas teorías conspirativas. Luego, sucedieron los acontecimientos que todos conocen.

“Planificó esta transición durante los últimos tres años”, fue la primera aclaración que hizo Gabriel Podskubka, el 7 de mayo, en su primer llamado como CEO global de Tenaris. El día anterior, la compañía había comunicado que Rocca dejaba el puesto que ocupó durante más de 35 años, desde el nacimiento del holding, en la estructura interna del grupo.

Voceros del conglomerado desestimaron que esta decisión tuviera relación con el enfrentamiento con Milei. En efecto, este movimiento fue parte de una renovación generacional que ha estado implementándose en todas las unidades de negocio del grupo en la última década. Actualmente, los ejecutivos en los puestos de mayor jerarquía han sido formados internamente, mientras que la cuarta generación de la familia todavía está en período de formación.

Con 73 años y dos hijos, Rocca sigue siendo una figura central en el grupo Techint. Sin la presión del día a día de Tenaris, que le requería viajar por el mundo interactuando con clientes e inversores, o buscando y negociando posibles activos para adquirir, cuenta quienes le rodean, ahora tiene más tiempo para dedicarse a otras pasiones.

Si bien algunos empresarios muestran creciente interés por el país, Rocca tiene preocupaciones que expuso de manera clara en Brasil, durante la conferencia anual 2024 de la asociación de siderurgia de ese país, donde Techint es propietaria de Usiminas, una de las principales productoras de acero. “El consumo de acero no crece porque nuestras economías crecen muy lentamente, en un modelo que privilegia los productos primarios y los sectores financieros y de servicios”, advirtió. Hace 15 años, el Mercosur representaba el 4,1% del PBI mundial; en 2023, solo el 3%.

“En términos de PBI per cápita, hemos crecido menos del 10% en los últimos 15 años. Mientras tanto, las naciones desarrolladas se han expandido entre un 25% en Estados Unidos y un 15% en Europa. Los países en desarrollo, en su conjunto, han tenido un crecimiento mucho más acelerado: India y China han casi duplicado su PBI per cápita en el mismo período”, enfatizó.

Para Rocca, “esa es la imagen de un fracaso colectivo, que ha tenido consecuencias muy graves para la calidad institucional y la gobernabilidad de la región”. Afirmó que “si no somos capaces de revertir ese escenario, la situación se mantendrá”. En su discurso, resaltó:

– “Durante muchos años, los gobiernos democráticos de la región aplicaron políticas económicas que, sistemáticamente, no han logrado alcanzar la tasa de crecimiento y diferenciación que necesitan nuestras matrices productivas.”

– “El avance sistemático del rol del Estado, la reducción del espacio disponible para el sector privado, la presión impositiva elevada y distorsionada, así como la multiplicación de subsidios en busca de estabilidad y gobernabilidad a corto plazo, son factores que, en su conjunto, han creado distorsiones sectoriales, desalentando inversiones y promoviendo la expansión de la informalidad en la economía, generando inseguridad social.”

– “Estas políticas no han conseguido lograr el objetivo fundamental para nuestra sociedad: crecimiento sostenible, desarrollo económico y social, creación de oportunidades para las personas y las empresas, y la defensa de los derechos básicos de la población.”

– “El estancamiento de las economías latinoamericanas es resultado de la creencia de diferentes gobiernos, independientemente del signo político, de que la gobernabilidad y el consenso se construyen ampliando el papel del Estado. Hoy, el impacto del Estado en el PBI de América Latina ha superado al de los países desarrollados, aunque la calidad de los servicios que reciben los ciudadanos dista mucho de la que tienen los países avanzados.”

– “Las empresas privadas, que están sobrerreguladas, enfrentan una carga impositiva que es considerablemente más alta que la que enfrentan las empresas de Estados Unidos, Europa o Japón. Deben competir con Estados que, en la mayoría de los casos, generan enormes pérdidas. Al mismo tiempo, deben asumir roles que, en otros países, son sostenidos de manera eficiente por sus Estados. La hipertrofia del Estado ha conducido a resultados adversos, y el caos de los impuestos distorsionados ha frenado las inversiones y la iniciativa privada.”

En este panorama de retroceso, Rocca pone su atención en una sola palabra: China. “Un gorila de 500 libras que entra al salón”, lo describió en alguna ocasión. La ve como una potencia industrial dominante “con ambiciones geopolíticas significativas, no solo comerciales”.

“China tiene la voluntad de expandir su capacidad productiva y su área de influencia comercial, política y militar. Esta dinámica ha contribuido a la primarización de nuestras economías, inundándolas con productos importados y absorbiendo materias primas.” Asegura que esto solo es factible debido a que el país asiático no es una democracia, sino que tiene “un gobierno autoritario, capaz de capturar recursos y el excedente de los aumentos en la productividad de gran parte de su población”. Este régimen tiene la capacidad de asignar recursos con una extraordinaría eficiencia para alcanzar objetivos concretos, lo que contrasta marcadamente con la situación en América Latina.

Por lo tanto, Rocca afirma que Argentina debe encontrar una inserción internacional “que favorezca el posicionamiento de su cadena de valor hacia Occidente, con quienes compartimos valores, beneficios y en condiciones de competir.”

Si hace dos años pedía nivelar las condiciones, ahora sostiene que es imperativo “contraatacar fuertemente a China, como lo demostró Trump”, cuya lucha considera “emblemática”.

Este planteo lo formuló en diciembre pasado, durante ProPymes 2025, donde participó sin funcionarios en el escenario, pero sí estuvo Patricia Bullrich, quien en ese momento era la nueva jefa de La Libertad Avanza en el Senado y con quien mantiene contactos cercanos.

Rocca también está en constante diálogo con varias personalidades del ámbito político. Por ejemplo, ha tenido reuniones con Mauricio Macri, con quien surgieron algunas fricciones, ya superadas, relacionadas con la causa de los Cuadernos, en la que fueron imputados dos altos ejecutivos de Techint, entre ellos, Luis Betnaza, histórico director de Relaciones Institucionales del grupo. Rocca y Macri se encontraron en abril, en Martínez, donde ambos residen, a pocas cuadras de distancia. Este encuentro, que se suma a otros que han tenido, se hizo público en un contexto de creciente tensión con Milei, y fue interpretado como una estrategia calculada. En ese mismo período, Rocca también fue fotografiado con Lula durante un evento programado de Techint, y se supieron contactos con Bullrich y con Maximiliano Pullaro, el gobernador de Santa Fe que está perfilando su proyección nacional.

“Habla con mucha gente”, minimizan en el entorno de Rocca. Con variados intereses intelectuales, a menudo comparte mesas con economistas, sociólogos, y figuras destacadas de otras áreas de las ciencias sociales, incluso con periodistas. Esto resulta paradójico para un empresario que, desde hace décadas, promueve la formación en ingenierías y carreras técnicas como un lema fundamental de su grupo.

Aficionado al arte, es socio fundador de la Fundación PROA junto a la curadora Adriana Rosenberg, su pareja desde hace años. También actúa como mecenas de técnicos y pensadores, tanto de Buenos Aires como del exterior, quienes asisten al seminario anual del Boletín Informativo Techint, cuyo número de 2026 se llevará a cabo el 27 de este mes.

A pesar de su enfoque teórico, nunca ha descuidado la práctica. Una vez a la semana, se le puede ver en su oficina en el complejo de Tenaris en Campana, donde es conocido como “El Doctor” por su equipo de trabajo. Rocca comparte el almuerzo en el comedor con los operarios, expresión de un fuerte arraigo a esa localidad, donde descansan sus antepasados. Por otro lado, los restos de su madre, quien falleció en noviembre de 2024 a los 99 años, reposan en Milán.

Como líder, no solo está a cargo de todas las celebraciones sociales de la empresa, sino que también disfruta las recorridas por las instalaciones, observando el funcionamiento de la maquinaria y ponderando qué innovaciones tecnológicas podrían implementarse. “Es fundamental saber qué se hace, para imaginar cómo se podrían hacer las cosas de otra manera. Hay que ver un horno eléctrico a 1600 grados y entender qué sucede allí. O ver un tubo que va a 4000 metros de profundidad en una planta de desalinización, que mueve 9000 litros por segundo. Hay que verlo. Hay que pensarlo. Hay que sentirlo. Y solo entonces comienza el razonamiento sobre cómo se pueden hacer las cosas de un modo diferente”, compartió con emprendedores de Endeavor hace un año.

En la actualidad, la Inteligencia Artificial se ha convertido en una obsesión para él. Una de sus pasiones ha sido, desde siempre, la educación. “Sin industria, no hay país. La transformación industrial es esencial para el desarrollo social, económico y educativo de una sociedad. En el corazón de todo ello, está la educación”, defiende Rocca, quien reconoce que Argentina enfrenta una “debilidad estructural que afecta su capacidad de crecimiento y transformación”.

Un ejemplo de esta falencia se evidenció cuando la constructora del grupo realizó la planta de Pluspetrol en La Calera, Neuquén, donde entrevistó a 10.800 candidatos para seleccionar a 3800 obreros. “Los postulantes fallaban en preguntas sencillas, como: ‘Si con dos litros de aceite puedo mantener cuatro motores, ¿cuántos litros necesito para mantener diez motores?’”, se alarmó.

Sobre todo, para transformar un sistema industrial, se requiere un nivel educativo que alimente estructuras y tecnologías avanzadas, así como la implementación de IA y digitalización. “También los valores culturales industriales son fundamentales en la educación: el mérito, la disciplina, una visión a mediano y largo plazo y un abordaje racional de los problemas, y no al azar. Esa es la esencia de la cultura industrial, que es muy distinta de la cultura artesanal”, manifestó.

Así, sigue en la búsqueda de la figura que ayude a impulsar estos cambios. Aunque ya no necesariamente de las Fuerzas del Cielo. En su círculo más cercano se cree que, después de diciembre de 2027, será necesario consolidar los avances, pero no solo como logros de una gestión, sino como una construcción de consenso extendido en todo el sistema político y, especialmente, entre la mayoría de los argentinos.

Dentro de Techint, se habla de una nueva etapa, que es compleja y que habrá que interpretar. “Lo que se viene es diferente. Implica coordinar múltiples dimensiones simultáneamente”, aseguran. Sugieren que, en este contexto, no serán el grito y la motosierra lo que se necesite, sino el diálogo y una herramienta más amplia.

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