De Embalse a Europa: una empresa argentina apunta a liderar el mercado nuclear en Rumania
La meta de esta iniciativa es que Nucleoeléctrica participe en la extensión de vida de las unidades 1 y 2 de la central de Cernavoda, con un inicio proyectado para diciembre de 2027. Recientemente, se realizó un intercambio de documentos digitales que sienta las bases para avanzar en este proyecto.
El acuerdo ya fue firmado por ambas partes y tiene como objetivo que la empresa estatal especializada en energía nuclear tenga una participación relevante en la extensión de vida útil de las unidades 1 y 2 de una central nuclear ubicada en Rumania, según indicó el presidente de la empresa.
El memorándum establece un marco de cooperación, aunque no se traduce aún en un contrato comercial ni garantiza la asignación de tareas. En los próximos meses, ambas compañías deberán definir los servicios que podrá ofrecer Nucleoeléctrica, su nivel de participación y los costos asociados a una posible contratación.
Como parte de estas negociaciones, se evalúa la posibilidad de que una delegación argentina visite Rumania este año o que representantes de Nucleareléctrica se desplacen a las plantas argentinas. Este intercambio permitirá analizar las necesidades del proyecto y definir el alcance técnico y económico de la propuesta.
Las unidades rumanas utilizan tecnología CANDU, la misma presente en la Central Nuclear Embalse, en Córdoba, lo que proporciona a Nucleoeléctrica una ventaja competitiva frente a otros proveedores internacionales. Esta tecnología es diferente de la empleada en las centrales Atucha.
El principal atractivo de la propuesta radica en el conocimiento generado a partir de la extensión de vida de Embalse, una intervención que otorgó 30 años más de funcionamiento a la planta cordobesa. Este proyecto potenció las capacidades en ingeniería, planificación, mantenimiento y ejecución de tareas complejas.
La renovación incluyó modificaciones en componentes críticos de centrales CANDU y posicionó a Argentina entre los pocos países capaces de llevar a cabo un programa de esta naturaleza con una considerable participación de recursos técnicos nacionales.
La experiencia adquirida en Embalse se complementa actualmente con trabajos en Atucha I. Nucleoeléctrica espera aplicar estos antecedentes no solo para mantener el sistema nuclear en el país, sino también para ofrecer servicios a otras naciones.
Las aspiraciones de la empresa van más allá de una asistencia técnica puntual; la dirección busca desempeñar un rol central en la gestión y coordinación del programa rumano. “Nuestro objetivo es asumir el rol de project manager de la extensión de vida, lo que representaría una oportunidad muy importante para Nucleoeléctrica”, explicaron desde la empresa.
Desempeñar ese rol implica gestionar las fases del proyecto, coordinar los actores y proveedores técnicos, y supervisar el cumplimiento de los plazos establecidos. Para lograrlo, la empresa deberá acordar con su contraparte el alcance de los servicios y presentar un presupuesto detallado.
Aún queda por definir si la posible contratación incluirá ingeniería, planificación, mantenimiento, capacitación, asistencia en el retubado de reactores, provisión de componentes o una combinación de estas tareas. No se ha divulgado tampoco una estimación sobre el valor potencial del negocio ni sobre la proporción de trabajos que podrían realizarse desde Argentina.
El entendimiento con Rumania se formaliza después de que Nucleoeléctrica actualizara su estrategia de exportación de servicios, con la aprobación de una modificación en su estatuto social que incluye la prestación y comercialización de servicios nucleares como una nueva unidad de negocios estratégica.
A pesar de que la empresa ya llevaba a cabo ciertas actividades de cooperación internacional, estas eran más fragmentadas. La reforma busca institucionalizarlas y establecerlas como una línea comercial fija.
La nueva unidad se orienta a exportar asistencia técnica, ingeniería, mantenimiento, capacitación y soluciones tecnológicas para centrales nucleares. El objetivo es que Nucleoeléctrica no solo actúe como operadora de las centrales argentinas, sino que compita de manera estructural en el mercado internacional y ofrezca servicios de mayor valor agregado.
El acuerdo con Cernavoda tiene el potencial de transformar sustancialmente la actividad de la empresa en el ámbito internacional. Hasta el momento, su presencia se limitaba a misiones técnicas y participación en proyectos específicos, mientras que en Rumania se propone participar en la gestión integral de un programa de extensión de vida completo.
Nucleoeléctrica ha enviado previamente a sus técnicos a diversos mercados antes de constituir formalmente su nueva unidad. Entre el 15 de enero y el 11 de febrero de 2026, personal de la firma participó en la parada de mantenimiento de la Central Nuclear Angra II en Brasil. En España, expertos argentinos colaboran desde agosto de 2025 en el proyecto del simulador de Atucha I. Además, se han enviado especialistas a la central de Wolsong en Corea del Sur. También se brindó capacitación a profesionales coreanos basada en la experiencia obtenida en Embalse.
En China, Nucleoeléctrica ofreció asistencia técnica en la central de Qinshan, relacionada con el retubado de reactores CANDU. Asimismo, junto con Candu Energy Inc., realizó la primera venta internacional de componentes desarrollados para estos reactores. La empresa cuenta, además, con soluciones tecnológicas específicas que han sido patentadas y comercializadas en el exterior.
Estos antecedentes evidencian que Nucleoeléctrica ha estado exportando conocimiento y capacidades. La diferencia ahora radica en su intención de convertir estas experiencias individuales en contratos regulares y proyectos de mayor complejidad.
Una posible participación en Cernavoda también podría abrir nuevas oportunidades para otros actores de la cadena nuclear en Argentina. Destacaron a CONUAR, una compañía que fabrica componentes para reactores CANDU, como un actor clave, dado que está calificada para producir los tubos y componentes necesarios.
La inclusión de proveedores locales podría amplificar el impacto del acuerdo, generando demanda no solo por servicios de ingeniería, sino también para fabricantes de componentes y otras empresas argentinas especializadas.
“Entendemos que el proyecto no solo puede ser significativo para Nucleoeléctrica, sino para todo el sector nuclear argentino, ya que crearía y fomentaría oportunidades para muchas otras empresas nacionales”, afirmaron.
Este efecto multiplicador es uno de los principales argumentos económicos del proyecto. La intención es utilizar a Nucleoeléctrica como una plataforma para exportar servicios, ingeniería, componentes y conocimientos desarrollados en la industria local.
La estrategia se desarrolla en un contexto internacional de creciente interés por la generación nuclear, impulsado por el aumento de la demanda eléctrica y la búsqueda de fuentes de energía continuas y con bajas emisiones.
Dentro de este marco, la extensión de la vida útil de centrales existentes representa un mercado especializado, que permite mantener la capacidad de generación sin la necesidad inmediata de construir nuevas plantas, pero que requiere operadores y proveedores con experiencia sólida en proyectos complejos.
El memorándum con Rumania deberá evolucionar hacia una propuesta concreta, con servicios especificados, costos, responsabilidades y condiciones comerciales. Si Nucleoeléctrica logra asumir este rol, Cernavoda podría convertirse en un hito significativo para la nueva unidad exportadora y permitir que la vasta experiencia acumulada por el sector nuclear argentino alcance una dimensión internacional.


