5 noviembre, 2026

Daniel López Rosetti, médico: “La resiliencia no es cicatrizar”

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En una entrevista con Cristina Pérez, Daniel López Rosetti, médico especialista en estrés, presentó su libro Una buena vida y habló sobre cómo atravesar el dolor a partir de su propia historia: la muerte repentina de su padre y la tuberculosis pleural que padeció cinco meses después. Esas pérdidas, explicó, lo llevaron a pensar la recuperación como un proceso que fortalece, y no como una herida que simplemente se cierra.

Para el especialista, superar una pérdida no significa cerrar una herida. “Yo te decía, el crisol del dolor enseña. Y resiliencia no es cicatrizar” sostuvo y enseguida agregó: “Resiliencia no es una cicatriz, es salir más fuerte que antes”. Aclaró que el dolor no debería endurecer a las personas ni borrar su sensibilidad. “Yo creo que en el crisol del dolor se aprende. Mi mamá me enseñó mucho eso. Mi mamá tuvo grandes dolores”, relató.

López Rosetti recordó que, cuando era joven y ya ejercía la medicina, les pagó a sus padres un viaje a Europa. Durante el recorrido, su padre lo llamó desde Sevilla para agradecerle el regalo, algo poco habitual en él: “Lo cual a mí me alegró enormemente”, contó. Al día siguiente, su madre lo llamó llorando para comunicarle que su padre había muerto de un paro cardíaco. Sobre el recuerdo de aquellos días, señaló que la memoria “no es una cinta grabada que sale igual. Tenés que reconstruirla”.

Cinco meses después, empezó a sentirse mal físicamente. Se examinó con un estetoscopio la base pulmonar derecha y una radiografía mostró un derrame pulmonar derecho. Le pidió una biopsia a un médico amigo y el resultado confirmó que tenía tuberculosis pleural. “18 meses de tratamiento. Que me enseñaron cosas (…) lo aproveché, saqué lo mejor que pude de eso”, reflexionó.

Bajar la velocidad para hacerse un lugar en el día

Consultado sobre las dificultades que impone el ritmo actual para conectarse con la vida emocional, López Rosetti lo resumió con una comparación: “Estamos a velocidad digital y somos analógicos”. Como ejemplo, mencionó una indicación sencilla que comparte en sus talleres de manejo del estrés: salir a caminar deliberadamente más despacio. Según explicó, cambiar el ritmo puede ayudar a percibir de otra manera el recorrido y a prestar atención a lo que ocurre mientras se lo transita.

La propuesta se vincula con una observación que reiteró durante la charla: “La gente en general no está en su propia agenda”. Las tareas se acumulan desde la mañana hasta la noche y, al repasar la jornada, puede surgir una pregunta: qué espacio quedó para uno mismo.

Reconocer una emoción y comprender por qué aparece

El médico propuso identificar qué nos pasa. Distinguir el enojo, la alegría o emociones como la culpa, la vergüenza y la envidia permite empezar a comprender experiencias que, en medio del apuro, pueden pasar inadvertidas. Sin embargo, advirtió que ponerles nombre no alcanza si no se indaga en las razones de ese estado. “No solo etiquetar, sino comprender”, sintetizó. La pregunta también debe apuntar a qué situación despertó esa respuesta y cómo nos relacionamos con ella.

Durante la entrevista, desarrolló esa idea y precisó qué entiende por gestión emocional. “Hay que amigarse con las emociones, descubrirlas, jugar, etiquetarlas, regularlas, no controlarlas”, sostuvo. A partir de esa diferencia, planteó la importancia de reconocer los cambios que atravesamos. “Vivirlas y saber que son secuencias, que son tiempos, que van pasando. Que hay una alternancia emocional”, agregó.

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