“Me compré un banquito para verlo”: la ilusión de los vecinos de Recoleta ante la llegada de León XIV
Frente a la Nunciatura Apostólica, donde se alojará el Pontífice, algunos peatones frenan para mirar la fachada y advertir posibles cambios. Los turistas consultan a los vecinos si ese es efectivamente el lugar, mientras otros aprovechan para tomar fotografías. El miércoles por la tarde, sin embargo, la actividad en las calles seguía su curso habitual: no había cortes de tránsito y los vecinos continuaban con sus rutinas.
A pocos días de la llegada, entre quienes viven o trabajan en la zona se mezclan la expectativa, la emoción y los recuerdos de la última visita de un pontífice al país. Algunos esperan desde hace décadas una ocasión como esta; otros consideran que, independientemente de las creencias personales, merece ser recibida con respeto y naturalidad.
“Estoy enloquecida. Feliz de pensar que después de casi 40 años podemos tener a otro Papa en nuestro país. La última vez fue cuando vino Juan Pablo II y yo iba como una loca y me trepaba a lo que fuera para poder verlo de cerca”, cuenta María Beatriz Aguerra, de 82 años, vecina de la zona. Vive cerca de Montevideo y Presidente Manuel Quintana.
Esta vez, admite, las circunstancias son distintas y su edad quizá le dé menos oportunidades de acercarse al Pontífice. De todos modos, ya piensa cómo hacer para verlo. “La primera cosa que me compré fue un banquito para ver si puedo ir a Plaza San Martín, que me parece lo más accesible, para poder estar cerca. Estoy rezando mucho por él y por los frutos que puede dejar en este país que tanto necesita unión, fe y paz”, dice.
Su interés por la visita también se expresó en gestiones dentro del barrio. Católica practicante y asistente diaria a misa, se inquietó por el estado del edificio en el que se hospedará el Papa. “Estuve luchando mucho para que arreglaran el frente y el costado de la Nunciatura, que están en muy mal estado”, relata. Según cuenta, le planteó el tema al párroco de Nuestra Señora del Pilar para que hiciera llegar su preocupación. Luego, una conversación en la calle con una religiosa del lugar la tranquilizó. “Le pregunté: ‘Quiero pensar que adentro está mejor que afuera’, y me respondió: ‘Olvídese, está impecable’. Con eso ya me quedé tranquila”.
Marianela Azocar, de 70 años y también jubilada, expresa una emoción parecida. Nació en Chile y vive en la Argentina desde 1988. Que León XIV se aloje en Recoleta tiene para ella un sentido particular. “Me encanta que esté en el barrio, que venga a la Argentina. Está muy bueno, creo que es algo maravilloso”, cuenta. También cree que la Nunciatura es el sitio adecuado para recibirlo: “Es donde tiene que estar el Papa, es el lugar que le corresponde”.
Azocar conserva vivo el recuerdo de Juan Pablo II. Tenía 11 o 12 años cuando lo vio pasar en el papamóvil, una experiencia que, asegura, nunca olvidó. Ahora espera volver a ver a un pontífice. “Ojalá me toque verlo a este también. Voy a ir a la misa del lunes”, anticipa, en alusión a la celebración prevista en el Monumento de los Españoles. También piensa acercarse a la zona con la ilusión de que León XIV salga al balcón principal que da a la avenida Alvear, como recuerda que hizo su antecesor. “Yo estoy pensando que en una de esas se puede asomar al balcón, ¿por qué no? Me gustaría. Así que sí pienso venir por el barrio”, detalló.
A su juicio, la visita también modifica el clima del país. “Le da otro color a la Argentina. Hay una preocupación distinta; esta vez no es el fútbol. Es algo religioso, es el Espíritu Santo, qué sé yo, son muchas cosas que se mueven con la llegada de este Papa. Mucha gente va a verlo y lo que él va a decir también va a ser interesante”, analizó.
Claudio Sánchez, de 54 años, contador y vecino del barrio, ofrece otra perspectiva. Aunque es creyente, dice que le habría gustado recibir al Papa argentino. “Me hubiera gustado que viniera Francisco, pero bueno, no siempre es lo que uno quiere. No deja de ser grato, sobre todo para la gente que tiene algún tipo de filiación católica”, señala.
La llegada de León XIV será una novedad para él. No planea asistir a las celebraciones y seguirá las actividades por televisión junto con su madre, que está atenta al acontecimiento. Tampoco le preocupan las eventuales interrupciones de tránsito. “Hay que ser abierto a esas cosas. Es normal, es parte de la problemática del día, nada más”, considera.
Silvia Iturriaga, de 77 años, coincide con esa mirada. Se acercó para averiguar si ya habían empezado los cortes y comprobó que los vehículos todavía circulaban con normalidad. “Me parece perfecto, me pone contenta. Vine a ver si habían cerrado las calles y todavía no, lo cual me parece bien. Pero igual, aunque corten, no estoy preocupada. Estoy más disfrutando; es lindo, es algo positivo y está bueno”, afirma.
Los cortes comienzan el sábado
En Recoleta, las restricciones para vehículos en los alrededores de la Nunciatura Apostólica estarán vigentes desde el mediodía del 7 de noviembre hasta la tarde del 11. Matías Biondo, de 39 años, trabaja en una librería especializada en literatura infantil y objetos de diseño, ubicada a media cuadra del lugar donde se hospedará León XIV. Dice que vive con entusiasmo la llegada del Santo Padre al barrio y que asistirá a una de las celebraciones religiosas. “Me entusiasma la visita y las consecuencias que pueda tener para nuestro país, lo que pueda sembrar en nuestra población”, explica.
Biondo reconoce que la cercanía con el alojamiento del Pontífice podría imponer algunas limitaciones a quienes trabajan en la zona. Aun así, espera mantener abierto el comercio durante esos días. No cree que pueda encontrarse con el Santo Padre, dada la cantidad de personas que podrían acercarse, y seguirá las actividades por las transmisiones y la cobertura periodística.
Para otros vecinos, la visita papal puede ser una oportunidad de encuentro y reflexión. Liliana, de 67 años, se define como creyente y asegura que está “súper feliz” por la llegada. “Hay que recibirlo como se merece”, sostiene.


