29 octubre, 2026

Meningitis en Mendoza: qué se sabe sobre Serratia marcescens y por qué puede ser peligrosa

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Cinco pacientes operados en el Hospital Privado de Mendoza contrajeron una infección por la bacteria Serratia marcescens y dos murieron. El brote mantiene en alerta a las autoridades sanitarias. Mientras se investiga el origen de la contaminación, el quirófano del establecimiento permanece cerrado. También se analizan otros dos fallecimientos que podrían estar vinculados con el mismo microorganismo.

Aún no se determinó cómo llegó la bacteria a los pacientes ni si los casos comparten una misma fuente de infección. Aunque Serratia marcescens no figura entre los microorganismos que suelen asociarse con la meningitis, puede causar infecciones graves, en especial en personas hospitalizadas. Es una bacteria “oportunista”, presente en el ambiente, capaz de colonizar dispositivos médicos y contaminar soluciones. En determinadas circunstancias, puede entrar en el torrente sanguíneo y llegar al sistema nervioso central.

El riesgo también se relaciona con su capacidad de desarrollar resistencia a distintos antibióticos, lo que puede complicar el tratamiento. La infectóloga Leda Guzzi explica que es un bacilo gramnegativo del grupo de las enterobacterias y que se lo reconoce por su participación en infecciones asociadas a la atención sanitaria. “Es una bacteria ubicua en el ambiente. Puede estar en el agua, en el suelo y en las plantas, pero particularmente en el ambiente hospitalario tiene facilidad para colonizar dispositivos médicos invasivos”, detalla.

Entre esos dispositivos están los tubos de ventilación mecánica, los catéteres intravenosos, las sondas urinarias y ciertos elementos usados en procedimientos neuroquirúrgicos. La bacteria también puede contaminar soluciones que se utilizan durante la atención de pacientes.

Las infecciones se presentan con mayor frecuencia en personas con defensas debilitadas, adultos mayores, pacientes con enfermedades preexistentes y quienes permanecen internados en unidades de cuidados intensivos o reciben tratamientos antibióticos prolongados.

La meningitis y sus síntomas

La meningitis es la inflamación de las meninges, las membranas que recubren y protegen el cerebro y la médula espinal. Puede deberse a distintas causas, entre ellas infecciones virales, bacterianas y fúngicas. Las formas bacterianas suelen ser particularmente graves: pueden avanzar con rapidez y provocar complicaciones neurológicas, sepsis e incluso la muerte.

Los síntomas más habituales son fiebre, dolor de cabeza intenso, rigidez en la nuca, náuseas, vómitos y cambios en el estado de conciencia. No necesariamente aparecen todos a la vez, sobre todo en adultos mayores o personas con enfermedades previas.

Serratia marcescens puede llegar al sistema nervioso central por diferentes vías. Una posibilidad es que se propague a través de la sangre después de causar una infección en otra parte del organismo. Enrique Casanueva Martínez, infectólogo del Hospital Universitario Austral, señala que el microorganismo puede causar bacteriemia, es decir, la presencia de bacterias en el torrente sanguíneo, y luego alcanzar las meninges. “Serratia produce bacteriemia y secundariamente puede provocar meningitis”, señala.

El especialista agrega que también hay meningitis asociadas directamente con intervenciones neuroquirúrgicas, traumatismos o comunicaciones anormales entre estructuras anatómicas. Por eso, la bacteria no tiene que entrar directamente al cerebro para infectar el sistema nervioso central: puede ingresar al organismo por otra vía y diseminarse después. En Mendoza, sin embargo, todavía no se sabe cuál de esos mecanismos pudo haber intervenido.

El desafío de encontrar el origen

La investigación en Mendoza busca determinar por qué varios pacientes operados en el mismo hospital contrajeron infecciones por una misma especie bacteriana. Las autoridades sanitarias examinan posibles elementos compartidos durante las intervenciones, como instrumental, medicamentos, soluciones anestésicas y otros insumos. Hasta el momento, ninguna hipótesis fue confirmada.

Casanueva Martínez advierte que encontrar la misma bacteria en varios pacientes no demuestra, por sí solo, que sea la misma cepa ni que exista una fuente de contagio común. Para establecerlo pueden requerirse estudios de biología molecular.

El infectólogo recuerda un brote ocurrido años atrás en otro centro de salud, causado por una bacteria distinta, un estafilococo. Al principio, se sospechó que el origen podía estar relacionado con uno de los cirujanos. Los estudios descartaron esa posibilidad y la investigación apuntó finalmente a la manipulación de un anestésico líquido que se reutilizaba y se había contaminado. El episodio no tiene relación con lo ocurrido en Mendoza, pero muestra la complejidad de este tipo de investigaciones. “A veces la investigación es bastante compleja y a veces es engañosa. Lo que parece ser de entrada, después no lo es”, resume Casanueva Martínez.

Guzzi sostiene que detectar una infección hospitalaria por esta bacteria debe poner en marcha de inmediato los mecanismos de vigilancia epidemiológica. “Cuando aparece un caso de estos, se debe encender una luz de alerta para buscar si hay un reservorio de esta bacteria que pueda después generar casos secundarios”, advierte. La investigación requiere buscar posibles fuentes de contaminación, revisar los procedimientos y comprobar que se cumplan las medidas de prevención de infecciones.

Por qué puede ser tan peligrosa

Una de las principales preocupaciones de los infectólogos es la capacidad de Serratia marcescens de resistir distintos tratamientos antimicrobianos. Guzzi explica que la bacteria cuenta con mecanismos que pueden hacer ineficaces ciertos antibióticos. Entre ellos está la producción de enzimas que inactivan algunos medicamentos de la familia de los betalactámicos. También puede presentar resistencia a los carbapenémicos, utilizados para tratar infecciones graves.

Esto no implica que todas las infecciones por Serratia marcescens sean resistentes a los mismos fármacos ni que no haya tratamientos disponibles. La elección del antibiótico depende de los cultivos, las pruebas de sensibilidad y el estado clínico de cada paciente.

La especialista señala que algunos estudios registraron tasas de mortalidad de hasta el 50% en determinados contextos de infecciones graves por esta bacteria. Esas cifras, sin embargo, no pueden aplicarse a todos los pacientes ni permiten anticipar la evolución de los casos registrados en Mendoza.

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