Jerónimo Higuaín: el “Pipita” del Ascenso que busca brillar en el fútbol con estudios y trabajo familiar
El involucramiento de Jerónimo en el fútbol es un reflejo directo de su entorno familiar, donde su padre, tíos y primos han estado ligados al deporte. Sin embargo, su historia en el terreno de juego no comenzó habitualmente para un delantero, sino que comenzó en la defensa, donde inicialmente se dedicaba a evitar los goles rivales.
—¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser jugador de fútbol?— le preguntamos.
—Desde chico, desde que empecé a jugar al fútbol. Tengo a mi tío, mis primos y mi viejo, que son o fueron futbolistas, y siempre me gustó ese ambiente, el fútbol. Desde el primer momento, desde que tenía conciencia, básicamente —responde Jerónimo.
—¿Vos veías a tus tíos y a tus primos jugar?— insistimos.
—Sí. Jorge, el papá de Gonzalo, era defensor central, Fede era volante, Gonzalo delantero y mi viejo central. Era un popurrí —recuerda.
—¿Y vos, por qué quisiste ser delantero?— continuamos indagando.
—En realidad empecé siendo defensor. Por la altura y porque no había delanteros, me mandaron a jugar ahí. Yo quería jugar, así que cumplía la posición que me pedían. Hasta que le agarré la mano, me gustó hacer goles y quedé ahí como delantero —explica.
Su camino profesional comenzó en Real Pilar, donde arribó desde Los Lupinos, un club de la Liga Intercountry, para incorporar a las inferiores y dar sus primeros pasos en el fútbol. A medida que avanzó en el club, cambió de posición y tuvo una notable temporada que lo llevó a debutar en primera división.
—¿Cómo fue tu paso por Real Pilar?— le preguntamos.
—Yo jugaba en Los Lupinos, un club que juega en la Liga Intercountry. Conocí a un compañero, un amigo, que jugaba en Real Pilar. Le pregunté si había pruebas, me consiguió y llegué en séptima. Desde ahí hice todas las inferiores —relata con entusiasmo Jerónimo.
—¿Cómo fue enterarte de que ibas a subir a Primera?— insistimos nuevamente.
—Fue muy loco. Venía jugando en Reserva, rotaba entre titular y suplente y justo esa semana había ido de suplente al partido de Reserva y no me pusieron. Llegué a mi casa muy triste y al otro día me dijeron que tenía que subir a Primera a entrenar. Tuve una semana muy buena porque se habían lesionado un par de delanteros y, al terminar la semana, el técnico me avisó que me iba a quedar con ellos lo que restaba del año —recuerda entusiasmado, evidenciando su alegría.
—¿Qué aprendiste de esa etapa?— le preguntamos para profundizar.
—Aprendí a manejarme en un vestuario y en la cancha, y que no podés relajarte. Eran todos jugadores que podían ser titulares en cualquier equipo. Tenías que estar todo el tiempo al 100, compitiendo —afirma, demostrando su comprensión del alto nivel que le exigía el entorno profesional.
El hecho de llevar el apodo Higuaín a su lado conlleva implícitamente la carga de una historia familiar ampliamente conocida en el mundo del fútbol. Sin embargo, Jerónimo explica que su apellido no le ha influido en sus interacciones ni en la manera en que se define como persona.
—¿Te pasó que en la facultad te reconocieran por el apellido?— le preguntamos.
—No, si no me conoce nadie. Me han preguntado por el apellido, pero nadie te cree. Te dicen: “¿Qué hacés acá?”. Imagínate que acá (Metalúrgico) hasta hace dos meses capaz que no se habían enterado de que era primo de Higuaín —responde sin desmerecer su propia trayectoria.
Mientras persigue su desarrollo como futbolista, Jerónimo ha optado por mantener una vida que contemple los estudios y su contribución al negocio familiar. Actualmente, se encuentra cursando Negocios Digitales y, en sus tiempos libres, ayuda en el negocio mayorista de lácteos y fiambres que su familia lleva adelante.
—¿Por qué elegiste estudiar Negocios Digitales?— le preguntamos para profundizar en su elección académica.
—Con mi viejo tenemos un mayorista que es de toda la familia. Labura mi hermano, mi vieja y ahora yo también le doy una mano. Siempre me gustó llevarlo al lado digital, porque los comercios son todos muy físicos. Vi esta carrera, que era nueva, me interesó, miré el plan de estudio y me gustó —explica convencido de su decisión.
—¿Te cuesta llevarlo junto con el fútbol?— le consultamos, reconociendo el desafío de equilibrar ambas actividades.
—Sí, a veces, más en época de parciales. Son sacrificios que se van haciendo, pero por suerte los voy llevando —responde con un tono resiliente.
—¿Tu familia siempre te acompañó con el estudio?— queremos comprender el apoyo familiar que ha recibido.
—Sí. Ellos quieren que acompañe el fútbol con el estudio porque el fútbol es muy incierto. El día de mañana no sabés qué puede pasar y tenés que ir a buscar algún laburo. El estudio te prepara para eso, para tener un plan B. Si algún día querés dejar el fútbol y hacer otra cosa, tenés otra puerta. Siempre el fútbol y el estudio, de la mano —responde, mostrando su compromiso tanto con el deporte como con la educación.
Cambiar de equipo no siempre resulta ventajoso para un jugador, pero en el caso de Jerónimo, su incorporación a Deportivo Metalúrgico marcó un antes y un después. Allí, encontró el espacio propicio para desarrollarse y descubrió lo que necesitaba: minutos en cancha y la confianza de sus entrenadores. Junto a compañeros que ha conocido desde hace tiempo, consiguió forjar una excelente conexión que lo llevó a convertirse en uno de los mejores jugadores de su categoría.
—¿Qué encontraste en Metalúrgico que te permitió tener este rendimiento?— le preguntamos.
—Acá tuve la posibilidad de jugar más y tuve más confianza de los técnicos. Capaz necesitaba muchos minutos, que aquí los pude tener. Y la calidad de jugadores que hay en este plantel aporta muchísimo a que yo pueda hacer goles, porque no los voy a hacer yo solo. En Real Pilar también había muy buen plantel y muy buena gente, pero por ahí no sumaba muchos minutos y no era del gusto del técnico —explicó, haciendo hincapié en la importancia de los minutos de juego para su desempeño.
—¿Tenés algún compañero con el que tengas mucha conexión en la cancha?— continuamos indagando.
—Tengo dos, Franco Migueles, que es el 10, y Agustín Marella, que es el 8. En Real Pilar ellos quedaron libres cuando yo subí a Primera y después llegamos acá los tres. Nos conocemos hace años —relata, sonriendo al recordar esa conexión.
Con un total de 13 goles y una intensa lucha por el ascenso que se ha convertido en el principal objetivo del equipo, Jerónimo intenta disfrutar del presente sin perder de vista la meta colectiva. La repercusión que genera su racha goleadora no pasa desapercibida, pero él prefiere mantener la humildad.
—¿Cómo llevás esta racha y todas las noticias que aparecen sobre vos?— le preguntamos.
—Estoy feliz, muy contento, pero trato de llevarlo con calma, siempre queriendo apuntar a más. Creo que si lo llevo con calma es mejor para uno mismo. Siempre se puede mejorar, siempre se puede más. Estoy muy contento por este momento, pero el foco está en el torneo y en lo que buscamos, que es ascender —asegura con firmeza.
El Promocional Amateur le ha mostrado una realidad distinta a la que imaginaba, caracterizada por ser una liga intensa, con una fuerte presencia física en los partidos, además de canchas que condicionan el juego.
—¿Cómo es jugar en el Promocional Amateur desde adentro?— le preguntamos para captar su perspectiva.
—Es muy físico. Hay mucha fricción, no es tanto juego. Nosotros intentamos jugar y nos está yendo bien por ese camino, pero hay mucho pelotazo y mucha fricción. Tenés que ser fuerte porque los partidos son así. Hay canchas malas y eso lleva a que el partido sea todo más brusco —responde, conociendo bien las desafiante que presenta la liga.
—¿Qué pensás de la gente que cree que es una división de bajo nivel?— le preguntamos para conocer su opinión sobre la subestimación que a veces enfrenta.
—Yo también pensaba que iba a ser una división más de bajo nivel, pero una vez que estás adentro, encontrás jugadores que por ahí no tuvieron suerte. Hay niveles muy buenos en muchos equipos. Hay mucha gente que tiene que ver esta liga porque va a encontrar jugadores muy buenos —explica, intentando cambiar esa percepción errónea.
Uno de sus partidos más memorables fue la victoria contra el SAT, donde marcó dos goles en una actuación que aún guarda con cariño.
—¿Cuál fue tu mejor partido de la temporada?— le preguntamos.
—Creo que por el contexto y todo fue contra el SAT, porque nosotros teníamos que ganarle sí o sí para poder pasar al primero. Era un equipo duro y están en la final. Hice dos goles que fueron muy importantes para la victoria y creo que ese fue mi mejor partido —comenta, orgulloso de su contribución al triunfo.
La historia de Jerónimo está inevitablemente entrelazada con la de Gonzalo Higuaín. El apellido que ha brillado en clubes como Real Madrid, Napoli, Juventus y en la Selección Argentina también condiciona la vida cotidiana de Jerónimo. A pesar de su corta edad durante los tumultuosos años de su primo, él recuerda cómo esa experiencia afectó a toda la familia.
—¿Cómo vivió la familia aquel período entre 2014 y 2016, cuando Gonzalo fue tan cuestionado?— le preguntamos.
—Yo mucha relación con Gonzalo no tuve porque era muy chico y él ya estaba viviendo afuera, jugando en el Real Madrid. Pero el 2014 nos afectó a todos, a toda la familia. Más allá de que a él lo afectó mucho por todas las críticas, a nosotros también porque es familia nuestra. Duele que bastardeen así o que busquen lastimar a un familiar —responde, mostrando empatía por su primo.
—¿Te afectaba también en el colegio?— continuamos explorando su experiencia.
—Sí. Cuando iba al colegio, algunos compañeros decían cosas que por ahí no tenían conciencia de lo que provocaban. Era feo, se hacía sentir mal a uno —asegura, recordando aquel difícil momento.
Sin embargo, al hablar de su propio camino, Jerónimo enfatiza que su carrera debe separarse de su apellido. El haber alcanzado la primera división o una selección no fue, según sus palabras, producto de su parentesco.
—¿Alguna vez sentiste que te trataron distinto por ser primo de Gonzalo?— consultamos para comprender su perspectiva.
—No. Capaz que hay gente que piensa que algunas cosas que logré fueron porque soy Higuaín. Cuando me tocó ir a la Selección Sub-20, por ahí pensaban: “Es porque es el primo de Higuaín”. Y no. Me rompí el lomo para llegar hasta ahí o tener la oportunidad. Cuando llegué a Primera era lo mismo y cuando llegué a Reserva también. Siempre fue por mí mismo. En cuanto a compañeros o rivales, siempre fue el mismo trato, era uno más —afirma con claridad, defendiendo su esfuerzo personal.
La reciente convocatoria a la Selección Sub-20 del Ascenso fue una sorpresa inesperada para el joven atacante. Justo estaba cursando una materia en la facultad cuando recibió el mensaje que le cambiaría la vida.
—¿Cómo te enteraste de la convocatoria?— le preguntamos.
—Fue una locura. Yo estaba en la facultad, en la materia de Estadística. Me llegó un número desconocido diciéndome que estaba citado para entrar a la Selección Sub-20 del Ascenso. Lo llamé a mi viejo y me dijeron: “Tranquilo, están haciendo una joda”. Cuando lo busqué en Google vi quién era y dije: “No lo puedo creer”. Salí de la clase, llamé a mi viejo y después el club me notificó —recuerda, casi sin poder asimilar lo que significó esa notificación.
—¿Qué sentiste al estar ahí?— le preguntamos para captar sus emociones.
—Fue un momento único. Estar en ese predio, en el vestuario, ver los nombres de los jugadores, la ropa, todo… piel de gallina. Una locura —asegura, transmitiendo la emoción que le generó la experiencia.
Al hablar de sus referentes, no duda en mencionar a Julián Álvarez como su modelo a seguir en el ataque. Sin embargo, al elegir a su ídolo, señala a la figura de su padre, quien también fue futbolista y representa un gran ejemplo en su vida.
—¿Tenés un referente como delantero?— le preguntamos.
—Sí, Julián me gusta mucho. Siempre lo miro. Me gusta más hacer los movimientos que hace él —comenta, dejando claro su admiración por el delantero de la selección.
—¿Y tu ídolo?— continuamos.
—Nunca lo pensé… Pero mi ídolo es mi viejo. Más allá del fútbol, por todo, por el laburo, por lo familiar, por el fútbol. Siempre mi viejo —responde, mostrando el cariño y respeto que siente hacia su padre.
El vínculo con el fútbol también se refleja en sus sueños. Jerónimo aspira a alcanzar un equipo profesional, y no se limita a un objetivo, sino que tiene en mente metas más grandes. Europa se presenta como una posibilidad futura, y ha definido dos clubes que le atraen especialmente.
—¿Cuál es tu sueño en el fútbol?— le preguntamos con interés.
—Llegar a lo que más se pueda, jugar y estar en un equipo profesional. Es a lo que aspiro. Mientras mejor, mientras más, mejor. Me quedó la espina de poder haber estado más y de jugar —confiesa, proyectando toda su ambición.
—¿Te gustaría llegar a Europa?— le preguntamos de nuevo.
—Sí, me gustaría llegar. Primero me gustaría llegar a lo más alto acá y, si existe la posibilidad de irme a Europa, sí, mientras más, mejor —añade, mostrando el deseo de expandir sus horizontes.
—¿Hay algún equipo en particular?— preguntamos para saber más sobre sus aspiraciones.
—El Atlético de Madrid me vuelve loco. Y si no, el Napoli, porque siento que es muy argentino. Son dos equipos que me gustan mucho —responde, revelando sus preferencias futbolísticas.
Sin embargo, hay un club que ocupa un lugar especial en su corazón: Nueva Chicago. Más allá de ser una cuestión de preferencia futbolística, el vínculo con el club está arraigado en la historia familiar y en los recuerdos que su padre tiene vinculado a este.
—¿Te gustaría jugar en Chicago?— le preguntamos para entender su conexión con el club.
—Sí, soy hincha de Chicago. Me gustaría jugar en Chicago por el ambiente, por mi viejo, por la familia. Ver la foto de mi viejo estando ahí, la gente, el amor que le tiene al club, me vuelve loco —responde, dejando ver su fanatismo y devoción por el club.
—¿Vas a la cancha?— indagamos para saber más sobre sus hábitos.
—Siempre que puedo. Cuando existe la posibilidad de ir, voy. Voy con mi viejo, con mis hermanos. Es algo que nos gusta mucho —responde, reflejando la importancia de la familia en su vida.
Con la responsabilidad de ser un delantero, los goles adquieren un significado especial. Entre los anotados esta temporada, hay uno que resalta por su calidad y ejecución: el primer gol marcado frente al SAT, que fue memorable.
—¿Cuál fue tu mejor gol?— le preguntamos para que nos cuente sobre ese momento.
—Contra el SAT, el primer gol, a los tres minutos. Llegó la pelota, estaba dando vueltas afuera del área, me di vuelta, cerré los ojos, le pegué y fue cruzado, abajo del palo. Un lindo gol —recuerda entusiasmado, iluminando su rostro al hablarlo.
Las celebraciones de sus goles, según destaca Jerónimo, no son algo que planea con antelación. Se deja llevar por el momento y, a menudo, busca dedicar sus festejos a su familia cuando ellos están en la cancha.
—¿Qué consejo le darías a un chico que está arrancando?— le preguntamos, queriendo aprovechar su experiencia para inspirar a otros.
—Que le meta. Que le meta porque es el laburo, es el trabajo. Hay que tomárselo con responsabilidad y lleva muchos sacrificios. A la larga, si vos le metés, te va a dar fruto. Siempre creo que las cosas pasan por algo y que, si trabajás, vas a poder lograr lo que te proponés. Siempre con responsabilidad —finaliza, dando una lección de vida mediante sus propias vivencias.


