El riesgo país supera los 500 puntos y crecen las dudas sobre la economía argentina
Entre los factores que explican el movimiento aparecen las expectativas sobre el próximo ciclo electoral y las dudas respecto de la solidez del equilibrio fiscal. Un análisis del mercado financiero señaló que la cercanía de nuevas elecciones aumenta la sensibilidad de los inversores frente a cualquier señal de incertidumbre política.
En ese contexto, se destacó que después de procesos electorales la demanda de dólares para ahorro llegó a rondar los US$6.000 millones mensuales. Ese comportamiento contribuye a explicar la atención que los inversores prestan a las señales políticas y económicas locales.
El incremento reciente del riesgo país también fue vinculado con el contexto internacional, marcado por tasas de interés más elevadas. Sin embargo, el análisis considera que los factores domésticos tienen actualmente un peso mayor en la evolución del indicador.
Entre las principales causas identificadas aparecen la anticipación del ciclo político y los interrogantes sobre la consistencia del equilibrio fiscal. Si bien las cuentas públicas muestran equilibrio y existe un superávit de cuenta corriente, persisten dudas vinculadas con las candidaturas y la continuidad de las reformas económicas.
Respecto de las cuentas públicas, se señaló que los ingresos fiscales se encuentran afectados por una menor actividad económica y por la reducción de algunos impuestos. El Gobierno compensó parte de esa caída mediante una reducción del gasto, lo que permitió mantener el equilibrio fiscal y acumular superávit durante los últimos dos años y medio.
Sin embargo, también existen cuestionamientos sobre el uso de mecanismos como la deuda flotante, que implica postergar determinados pagos. De acuerdo con el análisis, actualmente los pagos se encuentran relativamente alineados con los gastos devengados, aunque la evolución de este mecanismo puede ser observada por los mercados.
El riesgo país funciona como una referencia del costo que enfrenta la Argentina para acceder al financiamiento. Cuando el indicador aumenta, se encarece la posibilidad de obtener crédito para el Estado.
El impacto también puede trasladarse al sector privado. Un mayor riesgo soberano puede elevar el costo del financiamiento para las empresas y dificultar el acceso al crédito. A través de ese mecanismo, el aumento del indicador puede repercutir sobre las tasas de interés, el tipo de cambio y las condiciones de financiamiento de la economía.
En sectores como energía y minería, donde los proyectos suelen evaluarse con horizontes de mediano y largo plazo, el impacto puede ser inicialmente más acotado. Sin embargo, una eventual dificultad del Estado para afrontar sus compromisos de deuda podría incrementar también los costos de financiamiento para las compañías privadas.
Otro de los factores señalados como determinantes para la estabilidad financiera es el comportamiento de los ahorristas. La preocupación está puesta en la posibilidad de que, ante un aumento de la incertidumbre, se incremente nuevamente la demanda de dólares.
Una mayor dolarización puede ejercer presión sobre la balanza de pagos y generar episodios de inestabilidad cambiaria. Por eso, uno de los principales desafíos para el próximo año será evitar que la incertidumbre política y económica derive en una nueva corrida hacia el dólar.
En cuanto a los vencimientos de deuda, el análisis considera que existen recursos suficientes para afrontar los compromisos previstos. Sin embargo, también advierte que ninguna economía puede quedar completamente protegida frente a una salida masiva de capitales desde la moneda local hacia el dólar.
Por último, también se hizo referencia a una línea de asistencia financiera acordada con Estados Unidos. Según el análisis, el mecanismo no requiere una autorización del Congreso estadounidense para ser activado, como ocurrió con la asistencia disponible el año pasado. Su eventual utilización, de todos modos, dependería de las decisiones políticas y de las condiciones de la coyuntura internacional.


