El alquiler de autos suma presión sobre los choferes de aplicaciones
A ese gasto se agregan, según cada caso, depósitos iniciales, combustible, reparaciones, costos derivados de accidentes y las franquicias de los seguros. De esta manera, un conductor que trabaja con un vehículo alquilado puede afrontar gastos cercanos a $2,2 millones por mes solamente para mantener la actividad.
Con esa estructura de costos, quienes alquilan un auto necesitan alcanzar una facturación cercana a los $4 millones mensuales para sostener el trabajo. El escenario se vuelve más complejo por el aumento de la cantidad de personas que recurren a las aplicaciones como fuente de ingresos, en un contexto marcado por las dificultades del mercado laboral.
La actividad también demanda extensas jornadas laborales. Los conductores pueden trabajar entre 10 y 12 horas diarias, incluidos fines de semana, y la imposibilidad de trabajar por enfermedad puede significar la necesidad de extender posteriormente las jornadas para compensar los ingresos perdidos.
El modelo de alquiler funciona, además, con vehículos adquiridos por empresas que trabajan con inversores. Según información del sector, incluso particulares pueden participar de este esquema mediante inversiones que rondan entre US$9.000 y US$10.000, destinadas a la compra de autos que luego son incorporados a las plataformas.
El fenómeno no se limita al transporte de pasajeros en automóvil. También aumentó la cantidad de personas que realizan tareas de reparto en bicicleta o moto y quienes utilizan motocicletas para transportar pasajeros.
Las estimaciones del sector ubican en alrededor de 600.000 la cantidad de conductores de aplicaciones en todo el país, aunque la cifra podría ser mayor y alcanzar entre 400.000 y 500.000 trabajadores bajo esta modalidad. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, en tanto, se calcula que circulan más de 25.000 vehículos alquilados destinados a plataformas de transporte.
Las aplicaciones también comenzaron a mostrar límites en la cantidad de trabajadores disponibles. En al menos una plataforma de delivery existe una lista de espera para nuevos repartidores, aunque esa restricción todavía no se observa de la misma manera en el servicio de transporte mediante automóviles.
Otro de los cuestionamientos está relacionado con los requisitos para ingresar a la actividad. Según referentes del sector, algunas plataformas permiten registrar vehículos desde modelos 2002 y no exigen carnet profesional, un seguro específico ni monotributo. Esto facilita que una persona que pierde su empleo y cuenta con un vehículo de uso familiar pueda comenzar a trabajar rápidamente.
A este escenario se suma el funcionamiento de los sistemas de asignación de tarifas. Desde el sector cuestionan que los algoritmos de las plataformas determinen los valores en función del comportamiento habitual de conductores y pasajeros, lo que puede generar una brecha entre el precio que paga el usuario y el ingreso que finalmente recibe el trabajador.
La combinación entre el aumento de la oferta de conductores, los costos del alquiler y la falta de regulación específica genera preocupación entre quienes trabajan en la actividad, que consideran que las aplicaciones dejaron de funcionar como una alternativa de emergencia frente al desempleo y atraviesan una etapa de mayor competencia y presión sobre los ingresos.


