22 julio, 2026

Un joven limpiavidrios busca cumplir su sueño tras volverse viral

0
Elías Valdatti, de 21 años, es un joven que trabaja limpiando los vidrios de automóviles en un semáforo de La Plata. En los últimos tiempos, ha compartido videos en redes sociales donde documenta su día a día, los desafíos que enfrenta en la calle y las motivaciones que lo llevaron a elegir esta ocupación.

La historia de Elías es más compleja de lo que parece. A los 16 años abandonó sus estudios a un año de finalizar el secundario debido a problemas personales y comenzó a buscar su independencia. Desde entonces, ha desempeñado varios trabajos y hoy se enfoca en un sueño: profesionalizarse como tatuador y abrir su propio estudio.

Su rutina diaria incluye diversas actividades. Mientras perfecciona su técnica de tatuaje y realiza sus primeras obras, también se dedica a la venta de ropa. En ocasiones, cuando necesita incrementar sus ingresos, regresa al semáforo. “Siempre tuve la idea de construir algo propio. Mi deseo es tener un local donde pueda tatuar, cortar el pelo, hacer piercings y vender ropa, todo al mismo tiempo”, comentó el joven.

La relación de Elías con los semáforos comenzó durante la pandemia. Un día, al pasar por la esquina de 13 y 32, observó a otros jóvenes limpiando parabrisas y decidió intentarlo. “El primer auto que me dijo que sí lo lavé como pude, porque nunca había limpiado un vidrio en mi vida”, recordó.

Ese primer intento le rindió 50 pesos. Aunque podría parecer una suma insignificante, significó mucho para él, quien había estado comenzando desde cero. Al día siguiente logró conseguir un balde prestado, un poco de champú y un limpiavidrios, y a partir de ahí estableció una rutina que aún mantiene.

Previo a esta actividad, tuvo diversas experiencias laborales: vendió golosinas en colectivos, hizo malabares con fuego, trabajó como repositor, cargó y descargó escenarios e incluso lanzó un pequeño emprendimiento de venta de paltas.

“Con 16 años nadie te da trabajo. No podía seguir estudiando y necesitaba mantenerme solo. Tuve que aprender a resolver las cosas por mi cuenta”, explicó Elías.

Hace aproximadamente dos años, comenzó a compartir contenido en redes sociales con el objetivo de mostrar la realidad de quienes trabajan limpiando vidrios y desafiar los estigmas asociados a esta actividad. “La gente piensa que soy un villero que limpia vidrios y la realidad es otra. Soy un pibe rebuscándomela. Nunca le falté el respeto a nadie”, afirmó.

Uno de sus videos más impactantes surgió de una reflexión sobre las distintas formas de acercarse a los autos. Elías señaló que algunas actitudes más insistentes pueden resultar en respuestas más favorables de los conductores. “Cuando el semáforo se ponga en rojo voy a limpiar el vidrio siendo maleducado como lo hacen casi todos los limpiavidrios de La Plata”, explicó, antes de acercarse a un auto. “Mil pesitos para el sánguche”, le pide a la conductora mientras le moja el parabrisas sin previo aviso. La mujer baja la ventanilla y le deja una propina, lo que lleva al joven a reflexionar: “¿Ven, me dieron dos lucas por ser maleducado? Si sos maleducado te dan dos mil pesos y si sos educado, te dan 150, ¿qué prefieren?”.

La publicación suscitó un intenso debate en redes y permitió que más personas se interesaran por su historia. Con el tiempo, la visibilidad que ha logrado ha cambiado incluso la interacción con quienes pasan por su esquina cada día. “Ahora llego al semáforo y hasta me piden fotos. Nunca pensé que iba a tener tanta visibilidad”, expresó Elías, quien en un buen día puede llegar a ganar hasta 70 mil pesos.

A sus 21 años, Elías continúa regresando al mismo semáforo donde comenzó su travesía. Sin embargo, hoy ese lugar significa más que una fuente de sustento; es la plataforma que lo acerca a su sueño perseguido durante tres años.

A los 18 años, descubrió su pasión por el tatuaje y decidió aprender esa nueva habilidad con lo que tenía. Lo que empezó como una curiosidad se ha transformado en una actividad a la que desea dedicarle cada vez más tiempo.

Actualmente, tatúa en su hogar y a domicilio, mientras mantiene otros trabajos para subsistir. Cada ingreso le acerca un poco más a su meta de reunir lo necesario para abrir su propio estudio y dedicarse plenamente a esta forma de arte.

“Me gusta el hecho de crear con mis manos y que otra persona se lleve algo que tendrá para siempre”, afirmó acerca de su trabajo.

Para Elías, tatuar no solo representa una fuente de ingresos, sino la oportunidad de convertir una habilidad adquirida en su juventud en una profesión y construir un proyecto a largo plazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *