13 julio, 2026

La selección afianza su esencia y enfrenta las críticas como motor para soñar con el Mundial

0
La imagen de los hijos e hijas de los futbolistas jugando con una botella de plástico en el mismo arco donde Julián Álvarez logró uno de los goles más celebrados del Mundial refleja gran parte de la esencia y legado de esta selección. Un equipo que, a pesar de la enorme presión que enfrenta, aún conserva el espíritu de aquellos niños que disfrutaban jugando en la calle, en plazas o en clubes de baby, como si cada partido fuera uno de esos picados donde nadie desea regresar a casa.

La victoria ante Suiza aliviò tensiones en un plantel que pudo descargar parte del peso que lo afectaba y celebró su clasificación a semifinales con un festejo más íntimo que en ocasiones anteriores, aunque igualmente cargado de emoción.

Primero, en el vestuario del Arrowhead Stadium, donde las nuevas canciones de la selección se entrelazaron con los clásicos que acompañan al grupo desde su llegada a Qatar. Luego, compartieron momentos con sus familias en las casi vacías tribunas, conectándose por videollamada con quienes se quedaron en Argentina y capturando fotos en el césped, que, si todo sale según lo planeado, en el futuro cobrarán aún más valor.

Ya entrada la madrugada, de regreso en el hotel Origin, se brindó con risas y disfrutaron de varias horas para calmar las pulsaciones antes de centrarse en el próximo desafío: Inglaterra, este miércoles en Atlanta, por un lugar en la final en New Jersey.

Este ambiente aún se sentía presente en la práctica de este domingo en el complejo Compass Minerals, que la selección eligió como base durante el Mundial. En este último tramo del torneo, los titulares no fueron accesibles para la prensa durante los 15 minutos designados. Trabajaron en la intimidad y, por primera vez, no se los pudo observar en acción, ni siquiera durante la parte abierta de la sesión, ante la presencia de casi 150 medios de todo el mundo.

Los jugadores que participaron menos frente a Suiza, así como aquellos que no ingresaron, completaron una práctica de fútbol con la pelota que se utilizará en las semifinales y la final, buscando dejar una buena impresión para convencer a Lionel Scaloni de que están listos en caso de que decida realizar cambios en un equipo que sigue avanzando sin alcanzar aún su mejor nivel.

El día después de otra noche tensa aún sabía a clasificación. En muchas habitaciones del hotel, se revivieron los momentos del partido con Suiza; no tanto para insistir en los errores, ya analizados por Scaloni y su cuerpo técnico, sino para volver a disfrutar el derechazo de Julián Álvarez, revivir el desahogo del final y recordar otro capítulo de un recorrido que ha tenido varios partidos al borde del abismo. Sucedió frente a Cabo Verde, también ante Egipto, y volvió a ocurrir contra los europeos. En el plantel no se oculta que el equipo debe seguir mejorando, y la esperanza es que esa versión se manifieste precisamente ante Inglaterra, en el primer encuentro de verdadero peso de esta Copa del Mundo.

El propio Claudio Tapia expresó este estado de ánimo en sus redes sociales. Con un perfil cada vez más activo durante el torneo, Chiqui compartió un video imitando una escena clásica de Guillermo Francella y celebró el “hermoso día” en la concentración argentina. Por su parte, el cuerpo técnico permitió a los jugadores disfrutar de esas horas de alivio junto a sus familias, convencido de que descansar también forma parte del proceso de preparación. Desde este lunes, sin embargo, la atención se centrará en Inglaterra.

En el grupo, una sensación ha crecido a medida que avanzan los partidos. Haber superado tres duelos al borde de la eliminación, incluso jugando por debajo de lo esperado, ha generado una coraza contra lo que se avecina. No desde la relajación, sino con la convicción de que no será fácil derribar a este equipo. Además, el plantel se ha nutrido de las críticas, especialmente las provenientes de la prensa internacional y de algunos rivales, que insinuaron posibles beneficios arbitrales o señalaron que la verdadera final sería el duelo entre Francia y España. Argentina ha tomado de todo esto para construir ese enemigo invisible que muchas veces los grandes equipos requieren para encontrar fuerzas cuando el juego no fluye.

Mientras Scaloni evalúa posibles cambios tácticos, los jugadores aprecian los pequeños momentos que brinda una concentración prolongada de casi dos meses: las charlas, los asados y el tiempo compartido con sus familias. Porque quizás esa sea, en definitiva, la mayor fortaleza de esta selección. En medio de la presión que implica un Mundial, aún se siente como un grupo de amigos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *