3 noviembre, 2026

Las lluvias complican la cosecha de ajo en Mendoza y estiman pérdidas de hasta un 17% en la producción

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El inicio de la cosecha de ajo en Mendoza encuentra a los productores frente a un escenario adverso. Las precipitaciones registradas durante las últimas semanas en el Valle de Uco afectaron el desarrollo de los cultivos y podrían provocar una caída de entre el 14% y el 17% en los rindes. A las dificultades climáticas se suman precios de venta que no alcanzan para cubrir los costos, escasa actividad comercial y deudas que todavía arrastra buena parte del sector.

En apenas tres semanas se acumularon 170 milímetros de lluvia en la principal región productora de ajo del país. Las precipitaciones estuvieron acompañadas por varios días de nubosidad persistente, una condición poco habitual en la zona que coincidió con la etapa final de formación de los bulbos.

Las primeras evaluaciones indican que los cultivos podrían perder al menos un calibre, una clasificación que determina el tamaño de las cabezas de ajo según su diámetro. La disminución representaría entre 5.000 y 6.000 kilos menos por hectárea, aunque el impacto dependerá de las condiciones particulares de cada establecimiento.

De esta manera, un campo que habitualmente obtiene unos 35.000 kilos por hectárea podría alcanzar apenas 30.000 kilos durante esta campaña. La reducción representa una merma significativa para una actividad cuyos márgenes económicos ya se encuentran comprometidos.

La situación se vuelve más compleja al observar los valores de comercialización. El ajo vendido en verde, es decir, inmediatamente después de ser retirado de la tierra, se paga actualmente entre $250 y $300 por kilo, prácticamente los mismos valores de la temporada anterior.

En contraste, producir una hectárea demanda una inversión estimada de entre US$8.000 y US$11.000, dependiendo de las características del campo y de las tareas que deban contratarse. Con un costo de US$10.000 por hectárea, equivalente a unos $16 millones según las estimaciones del sector, y un rendimiento de 30.000 kilos, una venta a $300 por kilo generaría ingresos por $9 millones. La diferencia dejaría un saldo negativo de aproximadamente $7 millones.

A los problemas de rentabilidad se agrega la falta de compradores. Los operadores que habitualmente adquieren la producción directamente en los campos para acondicionarla, almacenarla y posteriormente exportarla redujeron sus operaciones ante el riesgo de que nuevas lluvias deterioren la mercadería.

Uno de los principales inconvenientes aparece durante el secado. Después de la cosecha, los ajos se distribuyen en hileras sobre el terreno y deben permanecer protegidos de la humedad. Si se mojan y desarrollan manchas, su valor comercial puede reducirse considerablemente, hasta representar apenas un tercio de su precio potencial.

Frente a la ausencia de operaciones, numerosos productores optaron por dejar los cultivos en el campo para completar el proceso de secado y comercializarlos más adelante. Sin embargo, esa alternativa requiere recursos económicos y mano de obra adicionales, en un contexto en el que muchos establecimientos todavía tienen compromisos financieros pendientes de la campaña anterior.

La humedad también modificó los tiempos de recolección. El ajo tiene una ventana relativamente acotada para ser extraído en condiciones adecuadas: si se cosecha antes de completar su desarrollo, los dientes pueden quedar inmaduros; si se demora demasiado, las cabezas corren el riesgo de perder las capas externas que las protegen y, con ellas, parte de su calidad comercial.

Por temor a nuevas precipitaciones, algunos agricultores comenzaron a levantar los cultivos antes de lo previsto, pese a que todavía no habían alcanzado su desarrollo completo.

Las complicaciones actuales se suman a los problemas comerciales que atravesó el sector durante la temporada anterior. Cerca del 70% del ajo argentino tiene como destino Brasil, por lo que las condiciones de ese mercado tienen una incidencia directa sobre los precios que reciben los productores nacionales.

Durante el año pasado, la eliminación de medidas antidumping que afectaban a determinados exportadores chinos facilitó el ingreso de mercadería a precios competitivos en el mercado brasileño. Esa situación presionó sobre los valores de venta del ajo argentino y redujo las posibilidades de obtener mejores ingresos.

Aunque el país también comercializa su producción con Estados Unidos, México y España, esos destinos tienen requerimientos específicos de variedades y períodos de compra. Brasil continúa siendo el principal comprador y concentra la mayor parte de las exportaciones.

En ese escenario, los productores mantienen expectativas sobre una eventual restitución de las medidas antidumping aplicadas al ajo chino, ya que consideran que podría contribuir a mejorar las condiciones comerciales. De todos modos, la temporada de ventas recién comienza y todavía no hay certezas sobre la evolución de los precios.

La importancia del Valle de Uco dentro de la actividad queda reflejada en los datos del Relevamiento Hortícola Invernal 2025 del Gobierno de Mendoza. La provincia cuenta con aproximadamente 17.057 hectáreas destinadas al cultivo de ajo, de las cuales 9.019 se encuentran en San Carlos, Tunuyán y Tupungato. San Carlos concentra la mayor superficie cultivada.

El ciclo productivo del ajo se extiende durante aproximadamente nueve meses. La siembra se realiza principalmente entre febrero y abril, mientras que la recolección de las variedades blancas y moradas comienza a principios de noviembre. Las primeras tareas se desarrollan en las zonas más cálidas del este mendocino y avanzan posteriormente hacia el sur provincial.

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