1 septiembre, 2026

Messi: más que un club

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He sido testigo de sus lágrimas en dos ocasiones, y solo una estuvo relacionada con el fútbol que él mismo practicaba en el campo que lo vio crecer, donde solía explicarle a su abuela cómo se jugaba. Desde niño, Messi exhibió su pasión por el deporte, su conexión con su país y, sobre todo, su amor hacia su abuela. La penúltima vez que lo vi llorar fue debido a una derrota en el fútbol, seguida del fallecimiento de su padre, que lo dejó no solo huérfano, sino también desprotegido, teniendo que despedirse de aquello que lo convirtió en un ícono del fútbol y en un hijo que también llora por su familia. Esta despedida se comprende mejor al considerar su esencia: un excelente hijo, un patriota y una buena persona. Recordemos también el Mundial, cuando España se impuso sobre la Selección argentina; Messi no podía aceptar esa derrota, que aún lo persigue. En España malinterpretaron su llanto y su molestia, ya que aquí el fútbol es considerado una cuestión nacional, pero su representación es Messi. En el momento de la derrota, Messi sabía que su sufrimiento tenía un destinatario muy claro. No hay, ni se prevé, otro futbolista que se le asemeje, pues él es el más grande, un hallazgo único superado solo por la memoria de quien fue Maradona. Es crucial entender que su decisión de dejar el Barcelona no surge de ese desconsuelo por la eliminación. España venció a Messi, quien lloró y fue visto por el mundo entero, que siempre ha sentido que Messi trasciende el concepto de club, desde sus inicios. Cuando el Barcelona lo perdió, su despedida fue desgarradora; la afición, aunque escasa, presenció ese momento conmovedor, y Guardiola, aunque ausente, sabía que dejar marchar a un patriota como Messi era alterar el legado del equipo. Su forma de jugar y su notable capacidad para interpretar el fútbol sin necesidad de palabras lo han convertido, desde sus inicios, en un ícono del deporte a nivel global. Y aunque su ausencia se siente, su legado perdura, simbolizando no solo la historia del fútbol argentino, sino también el increíble carácter del Barcelona que él contribuyó a construir. El fútbol argentino ha dependido de su estilo y ser, al igual que de Diego Armando Maradona. La primera vez que lo vi jugar, era un niño que hacía su debut en un partido de la Copa de Europa. Ingresó al campo y transformó el juego, aportando una nueva energía al equipo. Se movía con la gracia de alguien que, al mismo tiempo, honraba a su abuela y señalaba su lugar en la cancha para que los veteranos lo reconocieran. En una ocasión, en el estadio del Real Madrid, maravilló a Mario Vargas Llosa, un ferviente seguidor del equipo blanco. En los primeros minutos de aquel partido, la multitud se quedó en silencio, como si el terreno hubiera cambiado de forma inesperada. Vargas Llosa se acercó a mí para comentar sobre el buen rendimiento del arquero del Madrid, pero le hice notar que, en realidad, Casillas había fallado en su intento de desviar el balón. En una de esas casualidades de la vida, me lo encontré en un vuelo de Londres a Barcelona. Estaba rodeado de amigos que bromeaban con su estatura, mientras él intentaba mejorar su imagen haciendo malabares. Esa crítica nunca lo afectó, al igual que las faltas que sufrió en la cancha. Así, su partida del Barcelona se entrelaza con el dolor por la pérdida de su padre, y ahora el club, así como el fútbol español, comprenden la razón de las lágrimas de Lionel Messi, quien, como un digno nieto de su abuela, llora nuevamente por su padre y por su patria, que incluye el fútbol.

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