1 noviembre, 2026

Crearon un método para reciclar etiquetas de botellas y recuperar 610.000 toneladas de papel al año

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No todos los residuos de papel se pueden reciclar con los mismos métodos. Entre los más complejos de procesar están los soportes siliconados que quedan luego de colocar etiquetas en botellas y otros envases. Durante años, esos materiales fueron a parar a vertederos. Para enfrentar el problema, la empresa italiana LCI, sigla de Lavorazione Carta Riciclata Italiana, diseñó un sistema que permite recuperar esos residuos y darles un nuevo uso.

La compañía reúne actualmente 610.000 toneladas de papel al año en Italia y otras 90.000 en España. Su actividad combina el desarrollo de soluciones de reciclaje con un negocio que llega a varios mercados internacionales. Su director general, Marco Silvestri, describió el origen del proyecto y las oportunidades que observa en el sector.

LCI nació en 2007, como resultado de una asociación entre el grupo papelero finlandés UPM-Kymmene Oyj y la compañía alemana Rowe GmbH, ambas especializadas en la recolección y el reciclaje de papel. En un principio, el propósito era mejorar la recuperación de materiales para reutilizarlos en las fábricas del grupo y vender los excedentes en el exterior.

Con el paso del tiempo, el negocio se transformó. Silvestri señaló que hoy las fábricas de UPM reciben apenas el 10% de los materiales que recolecta LCI, mientras que el 90% se vende a clientes externos. La empresa también extendió sus operaciones más allá de Italia: abrió una filial en España y llegó al Reino Unido en 2022.

LCI está entre las tres principales compañías italianas dedicadas a recolectar papel usado. Trabaja con cartón y más de 40 variedades de papel. En Italia se recuperan entre 6,5 y 7 millones de toneladas de papel por año, pero solo 2 millones se destinan al consumo interno. Cerca del 12% de la producción de LCI se comercializa en el país, el 30% se exporta a otros destinos europeos y el resto se envía a Asia.

Uno de los proyectos centrales para encontrar nuevas alternativas de reciclaje fue Rafcycle, que UPM Raflatac puso en marcha en 2011. La iniciativa busca recuperar el soporte de papel que queda después de aplicar etiquetas a las botellas, como sucede con las de vino. El material contiene una delgada capa de silicona que dificulta su procesamiento por métodos convencionales. Por esa razón, durante años se desechó.

El método de LCI separa las fibras de celulosa de la silicona y las tintas mediante un tratamiento parecido al destintado del papel de impresión. Silvestri comparó el proceso con una especie de “lavadora” que aparta los componentes y recupera la celulosa. Después, esas fibras se pueden usar para elaborar nuevas etiquetas y otros productos de papel.

La empresa procura ampliar las opciones para recuperar este material. Silvestri mencionó el lanzamiento de una segunda cadena de recolección, Resily, que se sumaría a Rafcycle. Además, cada vez más fábricas europeas se preparan para incorporar este recurso y producir celulosa de mayor valor una vez retirada la silicona.

También está cambiando el destino de las exportaciones. “Hasta 2020 predominaban las exportaciones a Asia; hoy Europa está incrementando gradualmente su uso de papel reciclado”, afirmó Silvestri. Como ejemplo, señaló el déficit de material en Alemania, que pasó de 5 millones de toneladas a una proyección de 9 millones para 2024.

El directivo advirtió, además, que el encarecimiento de la energía frena la actividad y coloca a la industria italiana en desventaja frente a la de otros países europeos.

En este escenario, LCI busca afianzar su presencia internacional y ampliar sus oportunidades comerciales. “Nuestro próximo objetivo es expandir nuestra filial en el Reino Unido”, adelantó Silvestri. La estrategia permitiría compensar las dificultades para exportar desde Italia a Asia. A largo plazo, la empresa también evalúa llegar a Estados Unidos.

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