Dulce de leche: recomendaciones saludables para su consumo
“El dulce de leche tiene un lugar significativo en la cultura alimentaria argentina, no sólo por su presencia en distintos postres, sino también por el significado emocional que conlleva, evocando recuerdos de la infancia y momentos familiares”, comenta la licenciada en Nutrición Patricia Chavez. Agrega que una alimentación equilibrada también debe incluir momentos de disfrute y conexión cultural con los alimentos.
Los nutricionistas indican que no existen alimentos prohibidos, sino pautas alimenticias que deben favorecer un consumo balanceado, permitiendo algunas indulgencias siempre que se eviten los excesos. Según la especialista de DIM Centros de Salud, una porción de dulce de leche comercial de aproximadamente 20 gramos —equivalente a una cucharada sopera— aporta en torno a 60 calorías; de las cuales más del 60% provienen de carbohidratos y alrededor del 20% de grasas.
Respecto a las proteínas, Alejandro Ugarte, médico especialista en obesidad y diabetes, señala que esta porción aporta entre 5 y 7 gramos de proteína, comparado con los 22 a 25 gramos que se pueden obtener de un queso cuartirolo o port salut. El dulce de leche, explica, debe su dulzura a la lactosa de la leche y al azúcar añadido, y contiene grasa saturada, lo que lo convierte en una fuente significativa de calorías.
Ugarte menciona que la frecuencia y cantidad de consumo del dulce de leche depende de factores como la edad, el estado físico y el peso corporal. En una perspectiva nutricional contemporánea, sugiere que el dulce de leche podría consumirse de manera ocasional y en pequeñas cantidades, recomendando que un recipiente pequeño deba durar alrededor de un mes.
Por su parte, Chavez aconseja usar la cucharada sopera como guía para moderar la porción y sugiere no consumir directamente del pote. “Servirse la cantidad deseada en un plato permite tener un mejor control sobre lo que se ingiere, fomentando un disfrute consciente”, detalla.
Para quienes deben restringir el azúcar en su dieta, el dulce de leche puede verse como un alimento tabú. No obstante, Ugarte aclara que los alimentos prohibidos son subjetivos y recomienda evitar el consumo en caso de que provoquen compulsión. De utilizarse de forma ocasional, aconseja coordinar con un médico o nutricionista para su inclusión en la dieta.
Chavez también enfatiza que un consumo moderado y ocasional no debería afectar negativamente a una alimentación equilibrada. Para aquellos con diabetes, es fundamental ajustar las porciones y elegir productos acordes a las indicaciones de su equipo de salud.
Actualmente, existen opciones en el mercado con menor cantidad de azúcar y grasas, idóneas para personas con colesterol alto. Sin embargo, es crucial destacar que reducir la grasa no implica necesariamente menos calorías, ya que algunas versiones pueden tener igual o mayor contenido de azúcar. En términos calóricos, según Ugarte, estos dulces pueden tener sólo un 25% menos de calorías, manteniendo el dulzor con edulcorantes, pero a menudo compensando con almidones y otros aditivos.
La industria alimentaria, advierte Ugarte, utiliza un eficaz marketing que puede llevar a los consumidores a creer que ciertos productos son más saludables de lo que realmente son, por lo que es vital que los consumidores comprendan lo que compran. La información veraz es esencial, concluye Chavez, al recomendar revisar las etiquetas con atención y optar por productos que se ajusten a las necesidades individuales. Así, con conocimiento y moderación, es posible disfrutar del aprecio por el dulce de leche, sin comprometer la salud.


