Los cinco grandes del fútbol argentino enfrentan una crisis de gestión y un creciente descontento
Los cinco grandes del fútbol argentino están, por diferentes caminos, envueltos en un fenómeno que históricamente ha sido dificultoso de gestionar internamente: la crisis. River, Boca, Racing, Independiente y San Lorenzo llegan al segundo semestre de 2026 con desafíos de distinta naturaleza y profundidad, aunque todos están marcados por una creciente tensión entre la gestión, los resultados deportivos y la impaciencia que se ve reflejada en las tribunas.
No todos los clubes están al borde de la quiebra ni enfrentan problemas organizativos graves. De hecho, River exhibe una estructura económica que le ha permitido invertir alrededor de 200 millones de dólares en jugadores en los últimos tres años, mientras que Boca ha reportado superávits y está desarrollando obras en su famoso estadio, La Bombonera. Sin embargo, ninguno de los dos ha logrado traducir esa estabilidad financiera en títulos durante ese período.
La crisis afecta a todos estos cinco grandes, aunque con matices distintos.
Por el otro lado, San Lorenzo e Independiente todavía quedan atados a deudas y restricciones heredadas de gestiones anteriores, mientras que Racing sufre el desgaste de un proyecto político dirigido por uno de sus máximos ídolos. “Cada equipo tiene su propia explicación, son casos bastante distintos. River institucionalmente y económicamente está muy bien, pero futbolísticamente está tomando el camino equivocado hace tiempo”, comentó el periodista y escritor Andrés Burgo. Esta distinción es crucial para entender un fenómeno en el que una mala campaña puede hacer que la palabra “crisis” surja incluso cuando las finanzas de una institución no lo justifican.
El caso de River Plate es probablemente el ejemplo más evidente de esta contradicción. El club ha renovado y ampliado su instalación del Monumental, ha desarrollado nuevas fuentes de ingresos comerciales y ha acudido al mercado de capitales para financiar parte de su transformación. Según los estados contables presentados ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), la deuda fiduciaria vinculada al estadio disminuyó de 22.195 millones de pesos al cierre de 2025 a 15.412 millones al 30 de junio de 2026, una reducción de aproximadamente el 31%.
Este orden financiero contrasta de manera abrupta con lo que sucede en el campo de juego. El plantel acumuló cinco derrotas consecutivas en torneos de la AFA, una racha que no ocurría desde 1911, durante la época del amateurismo. Luego de perder ante Rosario Central, las críticas alcanzaron a los jugadores, al entrenador Eduardo Coudet y a la dirección encabezada por Stefano Di Carlo. Las protestas y cánticos negativos incluso regresaron al Hall Central del Monumental.
A la ausencia de campeonatos en los últimos tres años se suma una agresiva renovación del plantel. La dirigencia decidió apartar a alrededor de 15 futbolistas, muchos de ellos adquiridos por cantidades millonarias, organizándolos a entrenamientos separados en el predio de Cantilo. Tras su salida, Maximiliano Salas manifestó el conflicto: “Estoy enojado, se nos trató muy mal. No merecíamos terminar así, apartados. Entiendo que puedes tener o no a un jugador, pero hay formas y formas”.
Incluso Rodolfo D’Onofrio, quien estuvo al frente del club entre 2013 y 2021, consideró erróneas algunas decisiones tomadas, aunque respaldó a Di Carlo. “El contraste profundiza la discusión: River tiene capacidad para gastar, invertir y financiar infraestructura, pero esa fortaleza también ha elevado las exigencias deportivas. Mientras más se invierte, menor tolerancia existe ante la falta de resultados”, expresó.
En Boca Juniors, una situación similar de inquietud se plantea. Juan Román Riquelme asumió la presidencia en diciembre de 2023, apoyado en su condición de ídolo y en el fútbol como principal capital político. Desde entonces, Boca ha avanzado con mejoras en La Bombonera, ha logrado buenos resultados financieros y ha fortalecido disciplinas como el básquet, futsal y vóley. Paradójicamente, la gran deuda quedó anclada en el área donde Riquelme tiene mayor autoridad.
En su gestión, Boca no ha conquistado títulos y en 2026 volvió a disputar la Copa Libertadores luego de dos años, aunque fue eliminado en la fase de grupos. Cambios constantes de entrenadores, incorporaciones que no cumplieron con las expectativas y diversas decisiones de la gestión han desgastado el área deportiva.
El último mercado de pases incrementó la controversia con el regreso de Sebastián Villa, quien había expresado previamente su deseo de jugar en River y mantenía un conflicto judicial con Boca. “Boca enfrenta una situación parecida a la de River. No tan sólida desde un aspecto económico, pero sí con urgencias. Aunque al mismo tiempo, cuenta con una política errática de Riquelme respecto del fútbol”, resumió Burgo.
La situación en Racing arrastra además una complejidad política particular: el límite entre el capital simbólico del ídolo y la evaluación del dirigente. Diego Milito ganó las elecciones y asumió en diciembre de 2024, después del extenso ciclo de Víctor Blanco, quien dejó un club que acababa de consagrarse campeón de la Copa Sudamericana. Bajo la nueva administración, la Academia logró la Recopa Sudamericana, pero luego perdió el impulso deportivo.
La salida de Gustavo Costas en mayo de 2026, la venta de figuras y la dificultad para reemplazarlas suscitaron un crecimiento en las críticas. A esto se sumaron conflictos con Agustín García Basso, Baltasar Rodríguez y Santiago Sosa, quienes quedaron fuera del plantel en medio de negociaciones para dejar el club. La derrota por 3-1 ante Tigre encendió las alertas en el Cilindro, pues esta vez, las voces de descontento se dirigieron directamente hacia Milito.
Burgo afirmó: “En cuanto a Racing, claramente Milito no aprovechó el empuje de la gestión anterior de Víctor Blanco y ha tomado decisiones erráticas en lo futbolístico”.
Las realidades de Boca y Racing se entrelazan también con una particularidad política: la delgada línea entre el capital simbólico del ídolo y su evaluación como dirigente. La trayectoria como futbolista puede conceder cierto margen ante los primeros tropiezos, pero no garantiza inmunidad. “Creo que todo se ha intensificado. La exigencia, la insatisfacción y la falta de tolerancia ante la derrota es algo que llegó para quedarse. No va a desaparecer. En todo caso, se les ofrece más respeto a los ídolos, como sucede con Riquelme”, enfatizó el periodista.
En San Lorenzo e Independiente, los problemas futbolísticos han coexistido durante años con condicionamientos económicos mucho más severos. Ambos clubes atraviesan procesos de inhibiciones, reclamos, embargos y conflictos salariales, y ninguno ha logrado consagrarse campeón de liga en la última década. “San Lorenzo está sufriendo por una economía compleja y una crisis institucional muy profunda. Lo mismo le ocurre a Independiente desde hace tiempo, ambos con deudas e inhibiciones”, indicó Burgo.
El diagnóstico más alarmante en este contexto recae sobre San Lorenzo. Un informe presentado por la nueva Comisión Directiva encabezada por Marcelo Culotta estimó que la deuda total supera los 67 millones de dólares, incluye 96 causas judiciales activas y compromisos de aproximadamente 5,7 millones de dólares con exfutbolistas y cuerpos técnicos, así como salarios y primas del plantel por un monto adicional de 425.000 dólares. Además, hay tres inhibiciones que representan alrededor de 1,9 millones de dólares y un litigio por 5,2 millones de dólares con un fondo suizo, cuyo pedido de quiebra fue desestimado por la justicia.
La crisis institucional en San Lorenzo presenta matices de inestabilidad: Culotta ganó las elecciones para completar el mandato de Marcelo Moretti, quien debió abandonar la presidencia del club tras diversos escándalos, siendo el más conocido un video viralizado donde supuestamente recibía un soborno por fichar a un juvenil. Entre Moretti y Culotta, la gestión de Sergio Constantino fracasó en cumplir las expectativas de los socios durante su breve mandato de seis meses, y no se postuló nuevamente en las elecciones del 30 de mayo. Lo que debía ser una administración de cuatro años finalizó con tres presidentes en tres años. Los malos resultados deportivos han calado hondo en el clima del Nuevo Gasómetro, y este último domingo, San Lorenzo perdió el clásico de local contra Huracán después de 25 años. Sin embargo, esta vez, los hinchas estallaron en reclamos dirigidos a los jugadores y no contra la dirigencia.
En el caso de Independiente, el club todavía se esfuerza por desprenderse de las secuelas de años de desequilibrios financieros. En el mercado de pases reciente, volvió a enfrentarse a una inhibición por parte de FIFA debido a una deuda con Olimpia por el pase de Facundo Zabala, aunque logró abonar 1.110.958,90 dólares y levantó la sanción para poder inscribir nuevos jugadores. Sin embargo, aún debe afrontar otras dos cuotas de 350.000 dólares por esa transferencia. Este episodio ha evidenciado hasta qué punto los compromisos económicos surgidos del fútbol pueden limitar la planificación deportiva.
El “Rojo” también enfrenta un continuo descontento de sus aficionados, y Néstor Grindetti tuvo que asumir de urgencia el cargo tras la salida de Fabián Doman. Actualmente, el extenista Gastón Gaudio parece estar encaminado a convertirse en candidato a presidente para las elecciones que el club de Avellaneda planea llevar a cabo en diciembre, aunque la fecha aún no ha sido oficializada, aunque se mantiene el 20 de diciembre como una posibilidad.
La sucesión de conflictos también arroja luz sobre el sistema que envuelve a estas instituciones. Claudio “Chiqui” Tapia defendió públicamente el funcionamiento de la AFA, reivindicó los campeonatos de 30 equipos y buscó distinguir a la conducción de la entidad de las decisiones específicas de cada club. “No me involucro en las particularidades de cada institución, a veces uno desea expresar algo y sale de otra manera. Puedo agradar o no, pero los comprendo”, manifestó en una entrevista.
Tapia enfatizó que el poder dentro de la estructura no reside únicamente en su figura. “Aquí no decide Chiqui Tapia solo: los dirigentes votan y eligen”, afirmó, mientras explicaba la decisión de reconocer a Rosario Central por la Tabla Anual. Acerca de la organización de la Primera División, también acentuó: “Este es el campeonato que eligieron los clubes


