17 julio, 2026

El creciente uso de celulares entre niños de 8 años en las escuelas genera debate sobre su regulación

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La preocupación de padres y la opinión pública sobre los efectos negativos que los teléfonos móviles pueden causar en los niños han llevado a los gobiernos a establecer regulaciones en el ámbito escolar. Las medidas adoptadas varían desde limitaciones hasta prohibiciones totales del uso de dispositivos personales en las aulas. Sin embargo, muchas de estas normativas son implementadas sin un análisis exhaustivo de sus implicancias y efectividad.

El reciente informe del Observatorio de Argentinos por la Educación ofrece un panorama sobre el uso creciente de teléfonos móviles entre los estudiantes, así como la evidencia científica que se encuentra disponible en distintos países sobre el tema. Este trabajo, llevado a cabo por Andrea Goldin (Conicet y Universidad Di Tella), junto a Martín Nistal y Tomás Besada, examina tanto la expansión del uso de celulares en la educación como las regulaciones adoptadas en diversas jurisdicciones.

De acuerdo con los datos recopilados de la prueba Aprender 2024, el 59% de los niños de 8 años posee su propio celular, mientras que un 23% utiliza el dispositivo de un familiar. Solo un 18% de los encuestados no tiene acceso a un teléfono móvil. Estas cifras destacan la penetración del uso de celulares entre los más jóvenes.

Es importante señalar que existen diferencias significativas entre las distintas provincias del país. En zonas como Santa Cruz, Catamarca y Tierra del Fuego, más del 65% de los estudiantes de tercer grado cuentan con un celular propio. En contraste, Misiones y Formosa presentan una proporción cercana al 40%.

Adicionalmente, se observan brechas vinculadas al nivel socioeconómico de los alumnos: un 63% de los estudiantes pertenecientes al quintil más alto tiene un dispositivo personal, mientras que este porcentaje desciende al 52% en el quintil más bajo. Este acceso desigual a la tecnología sugiere que el uso de celulares no afecta a todas las comunidades de la misma manera.

La masificación del uso de teléfonos móviles entre niños tan pequeños es un fenómeno reciente, por lo que la información disponible sobre su impacto en el aprendizaje está en constante evolución y, en muchos casos, es aún incompleta. Los especialistas del Observatorio han analizado diversas investigaciones científicas que abordan múltiples aspectos relacionados con el uso de celulares, tales como su efecto en el rendimiento académico, las distracciones que provocan, la disciplina en el aula, el clima escolar, la asistencia y el bullying.

Algunos estudios sugieren que las restricciones al uso de celulares pueden conducir a mejoras en el rendimiento académico, especialmente para aquellos estudiantes de bajo desempeño o provenientes de sectores más vulnerables. No obstante, otros estudios no hallan cambios significativos en el rendimiento, incluso en contextos donde se han implementado restricciones estrictas. Cuando hay mejoras, generalmente son moderadas y no evidencian un impacto trascendental en los resultados educativos.

Sin embargo, la mayoría de las investigaciones confirman que las restricciones al uso de celulares contribuyen a reducir las distracciones en las aulas. Aun así, estos cambios no necesariamente se traducen en una mejora de los aprendizajes. Además, los distintos estudios aportan resultados variados en cuanto a la convivencia escolar y el bienestar emocional de los alumnos.

Con el incremento de la preocupación social por el impacto de los celulares en los niños, se ha intensificado la implementación de regulaciones por parte de los Estados. Según datos de Unesco, la proporción de países que han adoptado algún tipo de restricción formal ha aumentado del 25% en 2023 a cerca del 60% para 2026. Este contexto internacional ofrece diversas experiencias sobre cómo abordar el uso de celulares en el ámbito escolar.

Varios países, entre ellos Francia, Países Bajos y Chile, han decidido prohibir el uso de celulares en las escuelas. Francia fue pionera en esta iniciativa en 2018, aunque es importante considerar que en ese país, al igual que en otros desarrollados, muchos alumnos utilizan tablets y otros dispositivos digitales en el aula, lo que implica que la prohibición del celular no los aleja del mundo digital.

Por otro lado, naciones como Brasil, Finlandia y Dinamarca permiten el uso de celulares solo con fines pedagógicos y bajo la supervisión de los docentes. También existen sistemas más descentralizados, como el del Reino Unido, donde cada escuela tiene la facultad de establecer sus propias normas sobre el uso de teléfonos móviles.

En Argentina, se carece de una normativa nacional unificada que regule el uso de celulares en las escuelas. Hasta el momento, once jurisdicciones han avanzado con leyes, resoluciones o protocolos que abordan esta cuestión. Un informe reciente de Unesco revela que, en todos los casos, las restricciones se concentran en el aula, aunque algunas jurisdicciones también extienden las limitaciones a recreos y espacios comunes. En general, estas regulaciones abarcan tanto la educación primaria como secundaria, aunque en lugares como la provincia de Neuquén, las restricciones aplican solo a la primaria.

En Mendoza, se permite el uso de dispositivos únicamente para actividades pedagógicas y bajo la supervisión de docentes. Otras jurisdicciones, como Salta y Tucumán, admiten adaptaciones dependiendo del contexto de cada institución.

Esto plantea la interrogante: dado que no existe evidencia concluyente sobre la efectividad de las prohibiciones, ¿son estas medidas realmente útiles? ¿No sería más apropiado enfocarse en la educación digital en lugar de prohibir el uso de celulares?

Andrea Goldin, investigadora del Conicet, argumenta que es necesario reunir evidencia local sobre el tema. “Ya hay escuelas que han prohibido el uso de celulares y considero fundamental analizar esos datos. Generalmente importamos mucha información y conocimiento del exterior, que a menudo son valiosos, pero nada se compara a tener evidencia local para entender qué ocurre en nuestro contexto”, indicó.

Además, Goldin subraya la importancia de incluir a toda la comunidad educativa en el diálogo sobre esta temática: docentes, directivos y familias deben colaborar en la formulación de estrategias conjuntas. “Personalmente, y según lo que entiendo de la evidencia disponible, no estoy a favor de prohibir los celulares. Creo que debemos aprovechar que tenemos a todos los chicos reunidos varias horas al día para que la escuela se convierta en un espacio de formación sobre el uso de los dispositivos”, afirmó.

El uso de celulares puede ser beneficioso si se aprende a utilizar de manera saludable. “Lo importante es enseñar a usar estas herramientas de forma que no afecten las capacidades atencionales y cognitivas de los niños, sino que las potencien. En este sentido, los docentes están pidiendo formación a gritos. Las evaluaciones de los docentes y directivos muestran que una de las principales demandas es recibir capacitación en tecnologías, dispositivos y aplicaciones”, agregó Goldin.

Alejandro Artopoulos, profesor e investigador de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, enfatiza que la salud mental de niños y adolescentes es una de las principales preocupaciones actuales. Aporta que hay evidencia científica que indica un deterioro en la salud mental de los estudiantes, lo que afecta directamente su rendimiento educativo. “De modo que es crucial que las escuelas tomen medidas para abordar esta crisis de salud mental”, sostiene. Propone el modelo uruguayo, que ha incorporado psicólogos en las escuelas para el apoyo de estudiantes de séptimo, octavo y noveno grado, niveles que abarcan el último año de primaria y los primeros dos años de secundaria en Argentina.

Roxana Morduchowicz, doctora en Comunicación y consultora de Unesco, también examinó el tema en un informe reciente. Al ser consultada, expresó que la disparidad en los resultados de diversos estudios radica en el hecho de que el desempeño escolar de los alumnos depende de múltiples factores, no solo del uso de celulares. “Regular puede parecer una solución, ya que da la ilusión de que el problema se soluciona. Sin embargo, el problema persiste. Es más sencillo prohibir que enseñar a pensar”, afirmó. Subraya que es necesaria una educación crítica sobre las tecnologías y que la ciudadanía digital debe ser considerada una política pública, para que los jóvenes comprendan los riesgos y oportunidades del mundo digital y desarrollen un uso responsable de Internet.

Una cuestión que también surge es la posibilidad de contar con una normativa nacional que unifique las pautas en las escuelas respecto al uso de celulares. Goldin considera que es esencial contar con un marco normativo. “Es un tema complejo debido a que hay 24 jurisdicciones, pero sería beneficioso que el Consejo Federal de Educación se manifestara de forma clara al respecto. Si bien aún no existe evidencia contundente, sí hay estudios sólidos sobre los efectos que el uso de celulares tiene en la cognición, especialmente en cerebros que se encuentran en desarrollo”, concluyó.

Por su parte, Morduchowicz sostiene que sería muy positivo contar con una norma a nivel nacional. “Aunque en Argentina las competencias educativas son responsabilidad de cada jurisdicción, el objetivo de la Secretaría de Educación nacional debería ser proponer un marco que incluya la formación docente en ciudadanía digital como política pública. El desafío actual es pensar cómo utilizar las tecnologías, en lugar de simplemente prohibirlas”, subrayó.

Artopoulos resalta que el marco nacional debería fomentar hábitos saludables en el uso de tecnologías. “El prohibicionismo absoluto no constituye una solución efectiva ni se alinea con los principios democráticos. La prohibición selectiva puede ser útil, como se ha visto con el cambio de hábitos respecto al tabaco, pero no debe ser la medida prioritaria. Es necesario establecer criterios para una gestión inteligente de celulares, redes sociales e inteligencia artificial en las escuelas, a fin de mejorar los aprendizajes. Distinguir entre algoritmos de redes sociales e inteligencia artificial es análogo a diferenciar entre la nicotina y el alquitrán en el tabaco”, concluyó.

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