El acero muestra una recuperación desigual: crece la producción de crudo pero cae la actividad industrial
Los informes de la Cámara Argentina del Acero muestran un contraste entre el impulso generado por Vaca Muerta y el sector energético y el retroceso de la construcción, la industria automotriz, la maquinaria agrícola y los electrodomésticos.
Las ampliaciones de infraestructura, la construcción del oleoducto Vaca Muerta Sur y las nuevas perforaciones incrementaron la demanda de tubos sin costura y aceros especiales. Sin embargo, este movimiento no logra compensar la menor actividad de sectores que utilizan acero para producir bienes destinados al mercado interno.
La situación resulta especialmente significativa en la industria metalúrgica, que transforma el acero en bienes de capital, maquinaria, autopartes, equipos eléctricos y productos vinculados con la construcción. Según datos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la actividad metalúrgica cayó 4,4% interanual en julio y acumuló una contracción de 5,5% desde el comienzo del año.
La utilización de la capacidad instalada se ubicó en 39,2%, seis puntos porcentuales por debajo del nivel registrado un año atrás y en valores similares a los observados después de la pandemia.
De los ocho sectores relevados, siete registraron bajas. La producción de bienes de capital cayó 9,5%, la maquinaria agrícola 7,7%, los equipos y aparatos eléctricos 4,3% y las carrocerías y remolques 3,4%. El empleo se redujo 2,2% interanual y la mayoría de las empresas no prevé modificaciones en sus niveles de producción durante el próximo trimestre.
El comportamiento también es dispar dentro de las actividades que reciben el impulso de la inversión energética. Los grandes proyectos generan demanda para determinados productos siderúrgicos, pero ese movimiento no alcanza necesariamente a todos los proveedores metalúrgicos vinculados con el petróleo, el gas y la minería.
El sector automotor constituye otro de los puntos de preocupación. Durante los primeros seis meses del año se produjeron 204.658 vehículos, un 18,3% menos que en el mismo período del año anterior. La actividad de autopartes retrocedió 6,7% y las exportaciones de componentes disminuyeron 7,2%.
La menor actividad también se reflejó en las importaciones de autopartes. Las compras externas cayeron 15,9% y alcanzaron los US$ 4.534 millones, unos US$ 860 millones menos que durante el primer semestre de 2025.
Según un informe de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), la reducción de las importaciones no responde a una sustitución por producción nacional, sino a la contracción del mercado. El dato se suma a las señales de debilidad que atraviesan la actividad industrial y que afectan tanto la producción local como las compras externas.
La construcción también presenta signos de retroceso. Los despachos de cemento disminuyeron 1,2% interanual en junio, mientras que una parte importante de la actividad se concentra en pequeñas obras privadas que requieren estructuras de acero menos complejas.
La industria electrónica, electromecánica y luminotécnica atraviesa una situación similar. Según la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (CADIEEL), el 44% de las empresas redujo su producción durante el segundo trimestre y, dentro de ese grupo, la baja promedio alcanzó el 31%. Cerca del 60% operó por debajo del 60% de su capacidad instalada y el 41% redujo su personal.
La industria de línea blanca también se encuentra entre las actividades más afectadas. La Cámara Argentina del Acero estima que algunas plantas operan con casi la mitad de su capacidad ociosa, en un contexto de pérdida de poder adquisitivo y dificultades para acceder al financiamiento.
El retroceso de estos sectores genera un doble impacto sobre la siderurgia: por un lado, reduce la demanda directa de chapas y otros insumos; por otro, el ingreso de vehículos, electrodomésticos, maquinaria y estructuras terminadas puede reemplazar al acero que podría producirse localmente.
Los datos del comercio exterior muestran un déficit en el intercambio directo de acero. En junio ingresaron 61.116 toneladas, un 12,6% más que un año antes, mientras que las exportaciones alcanzaron las 42.194 toneladas.
Durante el primer semestre, las importaciones sumaron alrededor de 358.400 toneladas, frente a unas 178.900 toneladas exportadas. De esta manera, el déficit acumulado fue de aproximadamente 179.500 toneladas.
Los informes de la Cámara Argentina del Acero también advierten sobre la presión creciente de los productos importados, especialmente los provenientes de China. Sin embargo, las cifras no diferencian entre productos terminados, semielaborados, bienes que no se fabrican localmente y compras realizadas por grupos siderúrgicos para complementar su oferta regional.
Esta distinción adquiere relevancia debido a que las grandes empresas pueden producir determinados bienes en Argentina e importar otros desde sus plantas ubicadas en Brasil o México.
La mayor preocupación se concentra en los productos que compiten directamente con la fabricación nacional y en aquellos bienes manufacturados que, al ingresar terminados, reducen indirectamente la demanda de acero producido en el país.
Empresarios del sector que valoran la estabilización de la macroeconomía cuestionan la velocidad de la apertura comercial y consideran que avanza más rápido que la reducción de los costos impositivos, laborales y logísticos que afrontan las fábricas locales. También plantean la necesidad de que los productos importados cumplan condiciones técnicas equivalentes a las exigidas a los fabricantes argentinos.
La preocupación se extiende a una eventual recuperación de la actividad. El actual estancamiento de las fábricas funciona como un límite para el crecimiento de las importaciones, ya que la menor demanda interna reduce el espacio para un aumento significativo de las compras externas.
A esto se suma el escenario internacional. La siderurgia mundial atraviesa una situación de sobrecapacidad, mientras Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil y México incrementan el uso de aranceles, salvaguardias y medidas antidumping. Ante las mayores barreras en los principales mercados, los excedentes de producción buscan destinos con menores restricciones.
En este contexto, en el sector industrial existe preocupación por el escenario que podría presentarse si la demanda interna se recupera antes de que se reduzcan las diferencias de costos que enfrentan las fábricas locales. La principal incógnita pasa por cuánto de esa eventual recuperación podría ser captado por la industria argentina frente a la competencia de productos importados, particularmente de origen chino.
A esta situación se suma la preocupación por el aumento del contrabando de chatarra, un insumo utilizado en la producción de acero. Un empresario con experiencia en el sector de laminados advirtió sobre el impacto de este fenómeno en la actividad.


